El centro que transformó el desierto de Atacama en un laboratorio natural para el mundo
Veinte años cumple el Centro UC Desierto de Acama (CDA), liderado por el Instituto de Geografía, realizando investigación interdisciplinaria en agua de niebla, energía solar, agricultura en el desierto, formas de habitar en ambientes extremos, biodiversidad e identidad cultural, poniendo la ciencia al servicio de las comunidades.
photo_camera “El Centro del Desierto de Atacama cumple un rol clave, porque conecta la ciencia con la vida cotidiana de la región”, afirma su director, el académico del Instituto de Geografía Camilo del Río. (Crédito fotográfico: Nicole Saffie)
Ya en los años 70, un grupo de académicos del Instituto de Geografía -liderados por Horacio Larraín y Pilar Cereceda, Premio Nacional de Geografía 2019- comenzaron a investigar en un territorio en donde hasta entonces el conocimiento científico era escaso: el Norte Grande. Y así se llamó precisamente la primera revista académica sobre el tema, donde se publicaron los primeros trabajos sobre agua, agricultura, energía, identidad cultural y otros temas, principalmente en el desierto de Atacama.
Ese mismo grupo de académicos, junto a sus estudiantes, comenzaron a desarrollar y probar los primeros modelos de atrapanieblas -inventado por Carlos Espinosa-, estructura que compuesta por unos postes de madera y malla raschel, es capaz de capturar el agua de la camanchaca, la que cubre buena parte de la costa del norte de Chile. A la vez que se realizaron estudios para analizar la química y calidad de esta agua. Entre 1990 y 1994, se realizó la primera prueba a gran escala, dotando de agua de niebla a la caleta de Chungungo, en la región de Coquimbo.
Fue en 2006 que todo ese trabajo se congregó en el Centro UC Desierto de Atacama (CDA), con la profesora Pilar Cereceda como su primera directora, con el fin de realizar investigación interdisciplinaria en temáticas que contribuyan en el desarrollo sustentable y la identidad cultural del desierto de Atacama.
En 2007, la Pontificia Universidad Católica de Chile recibió la concesión de la Estación Atacama UC – Alto Patache, en la región de Tarapacá, otorgada por el Ministerio de Bienes Nacionales por 25 años. Hoy, la Estación es una plataforma de investigación donde se desarrolla parte importante del quehacer investigativo y educativo del CDA y forma parte de la Red de Centros y Estaciones Regionales (RCER).
En 2013, Juan Luis García, profesor del Instituto de Geografía, asumió la dirección del CDA. Su gestión destacó por fortalecer y expandir el equipo multidisciplinario del centro, integrando nuevos profesores y profesoras de distintas facultades y áreas de trabajo. También se dio un impulso a los proyectos colaborativos internacionales, y se creó un curso de formación general sobre los desafíos presentes y futuros del desierto de Atacama.
En 2022, el también académico del Instituto de Geografía Camilo del Río, se convirtió en el nuevo director del CDA, consolidando un grupo de trabajo de estudiantes de pre y postgrado, incrementando los proyectos interdisciplinarios postulados y adjudicados, como también fortaleciendo las colaboraciones con universidades y centros de investigación nacionales e internacionales.
“Desde sus orígenes, el Centro aborda los problemas basándose en la colaboración, el diálogo y la mirada a largo plazo. En 20 años, el CDA ha posicionado a la UC como un referente en el mundo en cuanto a centro científico para estudiar ambientes áridos”, sostiene la vicerrectora de Investigación y Postgrado María Angélica Fellenberg.
Trabajo interdisciplinario
“El Centro del Desierto de Atacama cumple un rol clave, porque conecta la ciencia con la vida cotidiana de la región”, afirmó su director Camilo del Río, en la ceremonia realizada para conmemorar los 20 años del CDA en el Campus San Joaquín. “Por un lado, está generando conocimiento de frontera sobre temas urgentes como el agua, la energía, la agricultura, el habitar y la biodiversidad en un territorio extremadamente árido. Por otro lado, el centro también aporta a la identidad de este territorio. El desierto de Atacama es un lugar emblemático, reconocido mundialmente por sus paisajes y condiciones extremas. Tener un centro de investigación que lo estudia y lo pone en valor refuerza la identidad local y proyecta la región hacia el mundo como un laboratorio natural único”, expresó.
Y agregó: “Eso significa que no solo se estudian los problemas, sino que se buscan soluciones prácticas para que las comunidades puedan enfrentar la escasez hídrica, aprovechar mejor los recursos disponibles y cuidar este ecosistema único”.
El CDA es liderado por el Instituto de Geografía, y está conformado por la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política; la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales; la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos; y la Facultad de Ingeniería. Asimismo, los equipos de trabajo incorporan académicos e investigadores de la Facultad de Ciencias Biológicas y la Escuela de Antropología, si bien está abierto a recibir proyectos de distintas facultades y áreas de estudio.
En la actualidad cuenta con cuatro líneas de investigación:
• Gobernanza y habitabilidad: se centra en identificar y promover prácticas que mejoren la habitabilidad en el desierto de Atacama. Esto incluye el diseño de espacios urbanos y arquitectónicos adecuados y pertinentes para este entorno extremadamente seco, considerando aspectos como la temperatura, la humedad, la exposición al sol y la disponibilidad de agua. Aquí destaca el trabajo del profesor de la Escuela de Arquitectura Pedro Alonso. Además, se exploran formas innovadoras de aprovechar recursos naturales, como la recolección de agua de niebla, para garantizar un suministro de agua más sostenible y seguro para la población; aquí se releva el trabajo del profesor del Instituto de Geografía y director de la Estación Atacama UC Pablo Osses. Toda la labor se realiza en estrecha colaboración con las comunidades locales, fomentando la participación ciudadana en la toma de decisiones relacionadas con el desarrollo urbano, la infraestructura y la gestión de los recursos naturales; trabajo que ha desarrollado la geógrafa UC y actual profesora de la Universidad Mayor Virginia Carter.
• Recursos naturales: la investigación se centra en la niebla como una valiosa fuente de agua en estas regiones extremadamente áridas, con un enfoque en comprender e identificar las variables geográficas y físicas que influyen en su formación, así como en el desarrollo de tecnologías innovadoras para su captura y aprovechamiento eficiente para diversos usos. Además, se profundiza en el estudio de los suelos, evaluando su composición, capacidad para retener agua y nutrientes, y su impacto en la biodiversidad y la agricultura en la región. Otro aspecto es el estudio del potencial de la radiación solar como fuente de energía en entornos desérticos. A través del análisis de datos satelitales y mediciones directas, se evalúa cómo la radiación solar puede ser aprovechada para el suministro térmico y eléctrico en diversas aplicaciones, contribuyendo así a la diversificación de fuentes energéticas sostenibles en estas áreas desafiantes. En esta línea destacan los estudios de Camilo del Río, el profesor de Ingeniería Rodrigo Escobar, y los profesores de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales Francisco Albornoz y Felipe Lobos.
• Variabilidad Climática: implica la recopilación y análisis de registros climáticos a largo plazo para identificar tendencias y variaciones en factores como la temperatura, la precipitación y los vientos, como también la aplicación de modelos climáticos para proyectar escenarios futuros en un contexto de cambio climático global. Estos esfuerzos se complementan con el estudio de fenómenos climáticos globales como El Niño/La Niña y sus efectos locales, así como el análisis de registros paleoclimáticos para comprender la variabilidad climática a lo largo de períodos geológicos. Aquí se relevan los trabajos de los profesores Claudio Latorre, de Ciencias Biológicas; y de Geografía, Magdalena Fuentealba y Juan Luis García.
• Ecosistemas límite: busca comprender a fondo el nicho ecológico de especies endémicas del desierto de Atacama, considerando las complejas dinámicas de la niebla y su relación con la atmósfera y la biósfera. Se aborda la biología, ecología y patrones biogeográficos de estas especies, teniendo en cuenta los desafíos que plantea el cambio climático en su distribución y supervivencia futuras. Además, se explora el potencial ornamental, alimenticio y otros usos de estas especies, destacando la importancia de su cultivo y protección. Aquí destaca el trabajo de la profesora de la Escuela de Antropología Virginia McRostie y del profesor de la Universidad de Heidelberg Alexander Siegmund.
Como destaca Camilo del Ríos, "el crecimiento exponencial del CDA está reflejado en su impacto en materia de investigación. En 20 años, ha albergado casi 40 proyectos nacionales e internacionales, 140 publicaciones indexadas y más de 2.400 citas académicas”.
Destacan proyectos como el de agricultura en el desierto, que a través de sistemas hidropónicos sustentados con agua de niebla y energía solar, han conseguido cosechar más de 850 lechugas hidropónicas en la comuna de Chañaral -iniciativa liderada por el profesor Francisco Albornoz-. También está el mapa y modelos de agua de niebla: un trabajo dirigido por Camilo del Río, que ha permitido dar sustento científico y apoyar la toma de decisiones en torno al uso y gestión del agua de niebla, entregando datos e información de libre uso.
Ciencia al servicio de las comunidades
"El conocimiento científico no pertenece a una persona: es un bien común que se desarrolla con su propia temporalidad. Celebrar veinte años de trabajo del CDA nos recuerda esto”, afirmó el director del Instituto de Geografía Johannes Rehner durante la emotiva y cercana ceremonia, que congregó a autoridades universitarias como las vicerrectoras de Investigación y Postgrado, María Angélica Fellenberg, y de Asuntos Internacionales, María Montt; el exrector Ignacio Sánchez; decanas de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Magdalena Vicuña; de la Facultad de Agronomía y Sistemas Naturales Alejandra Engler; y de la Facultad de Ciencias Sociales Katherine Strasser; y la directora del Instituto de Ciencia Política, Julieta Suárez-Cao, entre otros. Como también profesores, investigadores, estudiantes y exalumnos que han colaborado con el Centro.
El profesor Pablo Osses hizo un recorrido por la historia del CDA, destacando la contribución de los académicos pioneros en el estudio del desierto, así como la contribución de los estudiantes, relevando cómo se fue gestando, desarrollando y ampliando la investigación del Centro. “Nacieron cada año más preguntas sobre esta zona, la más árida del mundo. Y además de respuestas científicas, este centro entregó agua a las comunidades. Es ciencia concreta aplicada no sólo a Chile, sino que también en países como Omán, Estados Unidos y Marruecos”, afirmó el académico.
Durante la ceremonia se reconocieron a quienes con su trabajo y dedicación han marcado la historia del CDA: Juan Luis García, por su labor como director entre 2014 y 2022; Pablo Osses, por “su labor docente en terreno, su capacidad organizativa para enfrentar los mayores desafíos logísticos y su conocimiento, y memoria, que alcanza hasta el último rincón de Atacama”; Alexander Siegmund, académico de la Universidad de Heidelberg, Alemania, en su calidad de “colaborador internacional incansable”; y Pilar Cereceda, geógrafa con una trayectoria de más de 40 años y que dio vida al CDA, “quién marcó y formó a generaciones con su rigor y visión científica, con su generosidad y humildad. Quien sigue inspirando el trabajo de muchas y muchos, a quien no nos cansamos de agradecer y felicitar”.
La ceremonia finalizó con una presentación a cargo de Alexander Siegmund, quien destacó la posición relevante del CDA en el contexto de centros de investigación a nivel mundial, en su labor de promover y liderar investigaciones interdisciplinarias y tecnológicas en las zonas áridas de Chile. Así como también relevó el aspecto humano y de camaradería entre los integrantes del centro, que no solo hacen ciencia, sino también logran generar potentes vínculos profesionales y personales que cruzan las fronteras y que permiten dar respuesta a los grandes desafíos globales al servicio de las comunidades.