Chomali llama a poner la excelencia académica al servicio de los dolores y desafíos de la sociedad
En su homilía en el Día del Sagrado Corazón, el arzobispo de Santiago y Gran Canciller de la UC Fernando Chomali, subrayó que la consagración de la Universidad al Sagrado Corazón no es un gesto piadoso, sino "una declaración de identidad" y una expresión profunda de su misión. En ese sentido, sostuvo que una universidad católica está llamada a poner a la persona en el centro y también recordó que “cada uno de nosotros es infinitamente amado por Dios mucho antes de producir un resultado”.
En la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, patrono de la Pontificia Universidad Católica de Chile, la comunidad universitaria celebró el aniversario número 138 de la institución. En la misa que dio inicio a la ceremonia, el cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago y Gran Canciller de la UC, invitó a redescubrir la identidad católica de la universidad desde el amor de Cristo, el servicio al país y el cuidado de cada persona.
Durante su homilía, el Gran Canciller reflexionó sobre el significado de pertenecer a una universidad católica en el contexto actual, afirmando que la comunidad universitaria está llamada a reconocer que vive de una fuente que la precede y la trasciende. “Hemos recibido algo que nos precede y nos trasciende, y eso lo cambia todo”, sostuvo.
En ese contexto, recordó el llamado del Papa León XIV a que las universidades sean espacios donde la pregunta por el sentido forme parte de la vida cotidiana. Según explicó, la identidad católica no se limita a declaraciones institucionales, sino que debe expresarse en cada decisión, relación y proyecto que se desarrolla al interior de la universidad.
Una universidad que acompaña personas
El cardenal destacó que uno de los desafíos fundamentales de la educación superior es reconocer a cada estudiante en su singularidad. “Conocer a nuestros estudiantes, no como cifras, sino como personas con nombre, con historia, con heridas. Como el pastor que conoce a sus ovejas una por una y las llama por su nombre”, expresó.
Asimismo, añadió que detrás de cada matrícula existen sueños, historias y desafíos concretos que requieren ser acompañados. “Una universidad no gestiona personas, las acompaña”, afirmó, invitando a toda la comunidad a situar a la persona en el centro de la formación universitaria.
Otro de los ejes de su reflexión estuvo relacionado con la ética y los desafíos de la inteligencia artificial. En ese ámbito, señaló que la responsabilidad de la universidad no consiste únicamente en formar profesionales competentes en el uso de nuevas tecnologías, sino personas capaces de discernir críticamente su impacto en la sociedad.
“Nuestra tarea no es formar jóvenes eficientes en el uso de la tecnología, sino jóvenes con la capacidad de razonar y de pensar críticamente. Es decir, jóvenes libres”, sostuvo, agregando que esta dimensión forma parte esencial de la identidad universitaria que “no se negocia”.
Al servicio de Chile y de sus desafíos
A partir del Evangelio proclamado durante la celebración, el cardenal destacó la invitación de Jesús a quienes viven agobiados por las exigencias de la vida. Recordó especialmente a investigadores, estudiantes, funcionarios y académicos que diariamente sostienen la labor universitaria, muchas veces en medio de dificultades y sacrificios silenciosos.
“Estoy seguro que todos soñamos con una universidad, un lugar al servicio de Chile, no una institución que observa el país desde lejos. Una universidad que sabe y se involucra, que conoce la vida del migrante, que conoce la vida de la mujer sola y abandonada y conoce la vida del hombre sin trabajo”, señaló.
En esa misma línea, enfatizó que la excelencia académica debe ponerse al servicio de los dolores y desafíos reales de la sociedad. La desigualdad, la soledad, la fragmentación social y las implicancias éticas de la revolución tecnológica fueron algunos de los ámbitos que mencionó como tareas prioritarias para una universidad comprometida con el bien común.
“Magnifica humanitas”
Hacia el final de su homilía, el Gran Canciller invitó a la comunidad a profundizar en la reciente encíclica del Papa León XIV “Magnifica humanitas” (Magnífica humanidad) sobre la dignidad humana y la inteligencia artificial, destacando la necesidad de promover el diálogo, la reflexión crítica y la responsabilidad ética frente a los avances tecnológicos.
“Y antes de terminar, quisiera pedirles que lean y reflexionen de corazón la encíclica del Papa, sobre nuestra magnífica humanidad. Y para entusiasmarlos, les leeré parte del discurso de Cristopher Olah, cofundador de la empresa de IA Anthropic, durante el lanzamiento de la encíclica Magnífica humanitas”.
A continuación leyó un mensaje que enfatizaba que todos los laboratorios de inteligencia artificial de vanguardia, incluido Anthropic, operan dentro de un conjunto de incentivos y restricciones que a veces pueden estar en conflicto con hacer lo correcto. Por ese motivo, el cardenal invitó a reflexionar profundamente sobre el uso de la IA.
Finalmente, recordó que la misión universitaria encuentra su fundamento en el amor de Dios manifestado en el Corazón de Cristo. “Cada uno de nosotros es infinitamente amado por Dios mucho antes de producir ese último resultado. Ese es el secreto del Corazón de Cristo. Y en ese amor, todo lo demás encuentra su lugar”, afirmó.
Lo invitamos a leer la homilía completa.