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¿Cuál es el impacto de la digitalización en el desarrollo infantil?


Esta es la pregunta que busca responder el Centro para el Bienestar y Desarrollo de la Adolescencia y Niñez en la Era Digital (BAND), el primero en su tipo en Chile. Durante sus primeros cinco años de trabajo, se organizará en cinco líneas que recorren las diferentes etapas del desarrollo, desde la primera infancia, y que consideran una perspectiva integral del bienestar, buscando aportar con investigación a la construcción de conocimiento, el diseño de políticas públicas y el desarrollo de capacidades en el país.

Niño interactuando con una tablet

photo_camera BAND es el primer centro de investigación de Chile y de América Latina dedicado a comprender de manera interdisciplinaria y longitudinal cómo la digitalización impacta en el desarrollo y el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes. (Crédito fotográfico: Unsplash)

Chile está criando a la primera generación que crece enteramente dentro del entorno digital y, sin embargo, se sabe sorprendentemente poco sobre lo que eso significa para su desarrollo. Se trata de uno de los ámbitos menos estudiados por la ciencia, ya que la mayor parte de las investigaciones disponibles observa un solo momento en el tiempo, no logra separar las causas de las simples coincidencias y proviene de otros países, con otras familias y otros sistemas escolares.

Para empezar a llenar ese vacío nace el Centro para el Bienestar y Desarrollo de la Adolescencia y Niñez en la Era Digital (BAND), el primer centro de investigación de Chile y de América Latina dedicado a comprender de manera interdisciplinaria y longitudinal cómo la digitalización impacta en el desarrollo y el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes.

Todo esto, en uno de los países más conectados en el mundo: Chile cuenta con una cobertura de internet virtualmente universal, con solo el 3,4% de la población desconectada, según el reporte de Hogares Conectados 2026 de País Digital.

Como cuenta Magdalena Claro, directora del Centro BAND y profesora de la Facultad de Educación UC, “la decisión de crear BAND se basa en una acumulación de evidencia que muestra, por una parte, la masificación y el acceso cada vez más temprano a tecnologías digitales por parte de niños, niñas y adolescentes, y por otra, la persistente incertidumbre sobre sus efectos en el desarrollo y el bienestar”.

Ya en el año 2022, un 87% de los niños, niñas y adolescentes de 9 a 17 años tenía un teléfono propio con conexión a internet, de acuerdo al estudio Kids Online Chile -de CEPPE UC, IE-CIAE, MINEDUC y UNICEF-. El informe destaca que se ha adelantado la entrada a la vida digital: la edad promedio de quien adquiere su primer celular con internet cayó de 11 años en 2016 a 8,9 años en 2022.

Personas sosteniendo un celular
Chile cuenta con una cobertura de internet virtualmente universal, con solo el 3,4% de la población desconectada. (Crédito fotográfico: Unsplash)

“Estudios nacionales e internacionales, tales como Kids Online, y evaluaciones comparadas como PISA de la OCDE, han evidenciado efectos no lineales y heterogéneos: las tecnologías pueden abrir oportunidades relevantes para el aprendizaje, la participación y la socialización, pero también representan riesgos para el desarrollo y bienestar de las nuevas generaciones”, subraya la académica.

Asimismo, la directora del Centro BAND enfatiza en que la investigación en el área es muy reciente, fragmentada y muestra resultados mixtos y muchas veces contradictorios. A lo que se suma una brecha entre la producción de conocimiento y su aplicación en políticas públicas y prácticas educativas.

En este contexto, se vuelve necesario un espacio que articule evidencia rigurosa, interdisciplinaria y situada, con foco específico en infancia y adolescencia, y con capacidad de incidir en el debate público y la toma de decisiones.

El cambio de escenario: tecnologías masivas y cotidianas

El nuevo centro BAND busca ser un espacio interdisciplinario, dirigido por Magdalena Claro, junto al director alterno Juan Enrique Hinostroza, director de Investigación e Innovación del Instituto de Informática Educativa (IIE) de La Universidad de La Frontera (UFRO). El equipo está conformado por investigadoras e investigadores de distintas universidades del país y áreas, como educación, salud, ciencias sociales, comunicaciones e ingeniería.

El nuevo centro se propone aportar con la generación de evidencia longitudinal y comparativa; el diseño y evaluación de intervenciones que amplíen oportunidades y reduzcan riesgos para niños, niñas y adolescentes; la incorporación sistemática de sus voces en la producción de conocimiento; y la contribución directa al diseño e implementación de políticas públicas y prácticas socioeducativas basadas en evidencia.

Como afirma Magdalena Claro, "se están tomando decisiones de gran envergadura sobre la vida digital de niños, niñas y adolescentes en un contexto que exige avanzar con urgencia hacia mejores marcos de comprensión y acción. Hoy tenemos una gran oportunidad de fortalecer la base de evidencia rigurosa construida desde nuestra propia realidad, complementando el conocimiento internacional disponible con otras familias y en otros sistemas educativos”.

Magdalena Claro y Juan Hinostroza
Los académicos Magdalena Claro, de la UC, y Juan Hinostroza, de la UFRO, lideran el Centro BAND. (Fotografía BAND)

Como complementa Juan Enrique Hinostroza, "hace una década, las preguntas se centraban en cómo aprovechar las tecnologías digitales para potenciar los aprendizajes y la evidencia mostraba que su impacto dependía de qué tecnologías se usaban, cómo se integraban y con qué propósito, con el rol docente como factor clave. Hoy el escenario cambió. El acceso masivo y la presencia cotidiana de estas herramientas nos enfrentan a desafíos de una escala inédita, que exigen comprender los mecanismos subyacentes, como qué ocurre en el cerebro que aprende cuando interactúa con estas tecnologías, cómo pueden los padres y madres mediar el uso de tecnología para maximizar el desarrollo en la primera infancia y cuál es la ‘dieta digital’ óptima para un desarrollo cognitivo, socioemocional y físico saludable y equitativo de cada niño, niña y adolescente”.

Y agrega: “BAND aborda esas preguntas con metodologías que incluyen desde la electroencefalografía de alta densidad y el análisis de comportamiento visual, hasta encuestas y estudios cualitativos en profundidad".

De hecho, uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la utilización de métodos participativos. Para el equipo de BAND, dar voz a niños, niñas y adolescentes no es solo una estrategia investigativa, sino un enfoque fundamental para dar respuestas pertinentes a las experiencias y necesidades en entornos digitales de las nuevas generaciones. Esto se traduce en el uso de metodologías como talleres de co-diseño con niños, niñas y adolescentes y grupos consultivos juveniles a nivel comunal, regional y nacional.

La ola regulatoria de acceso a entornos digitales

El nacimiento de BAND coincide con una aceleración regulatoria global. Australia se convirtió en diciembre de 2025 en el primer país en prohibir las redes sociales a los menores de 16 años, una medida que llevó a las plataformas a eliminar millones de cuentas. Brasil optó por un camino distinto: su Estatuto Digital del Niño y el Adolescente, vigente desde marzo de 2026, prohíbe a las plataformas usadas por menores que incluyan funciones de diseño que puedan ser perjudiciales, como el scroll infinito y la reproducción automática de contenido.

"El impacto de los entornos digitales en la salud mental de niños y adolescentes va más allá del 'tiempo de pantalla'. Es importante entender qué hacen en el mundo digital, en qué contextos y cómo esas experiencias se relacionan con su salud y bienestar. Para ello, trabajamos junto a niños, niñas y adolescentes y sus familias, para desarrollar herramientas que permitan estudiar la información generada por sus dispositivos y sus experiencias cotidianas en tiempo real", afirma Miguel Cordero, investigador principal de la línea de salud física y mental de BAND, y académico de la Universidad del Desarrollo.

Chile se subió con fuerza a la ola regulatoria. La ley que restringe el uso de celulares en establecimientos educacionales comenzó a implementarse desde el inicio del año escolar 2026, mientras que en el Congreso conviven varios proyectos que apuntan a restringir el acceso de menores a redes sociales y a regular los entornos digitales.

Manos de una persona usando un celular
"Es importante entender qué hacen en el mundo digital, en qué contextos y cómo esas experiencias se relacionan con su salud y bienestar", afirma Miguel Cordero, investigador de BAND y académico de la UDD. (Crédito fotográfico: Unsplash)

"Uno de los grandes ausentes en el debate sobre niños, niñas, adolescentes y tecnología, son ellos mismos. Se legisla sobre su vida digital, se diseñan políticas sobre sus pantallas y rara vez se les pregunta qué piensan, qué hacen y qué les importa de su experiencia en línea. BAND apuesta por métodos de investigación que ponen la voz de las y los niños, niñas y adolescentes en el centro: talleres creativos, etnografías digitales, instrumentos diseñados para capturar su perspectiva y no solo la de los adultos que los observan", explica Patricio Cabello, investigador principal de la línea de desarrollo socioemocional de BAND, y académico de la Universidad Andrés Bello y la Universidad de Chile.

Como concluye la directora de BAND Magdalena Claro: “Queremos contribuir a que en Chile la formulación de políticas públicas y decisiones legislativas se apoyen en conocimiento sólido, pertinente y situado, que permita abordar estos desafíos con la profundidad y proyección que se requiere”.


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