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Inmigración en Chile: el diálogo de las naciones


Los cambios experimentados en las últimas décadas en la esfera política, económica, social y cultural han fortalecido la imagen internacional del país. Esto ha contribuido a atraer flujos migratorios que han cuadruplicado la cifra formal de extranjeros residentes en los últimos 15 años. Este tránsito a la interculturalidad hace necesario que tanto inmigrantes como chilenos, enfrenten juntos los desafíos que impone este nuevo escenario.

Te invitamos a volver a leer este reportaje aparecido en la Revista Universitaria 151, en noviembre de 2018.

Niños jugando en la calle. Fotografía: Nicolás Valdebenito.

photo_camera Celebrar el encuentro. Un grupo de niños inmigrantes peruanos, bolivianos y venezolanos disfrutan del "Carnaval Sin Fronteras", que se realiza cada año celebrando la unión de los pueblos andinos de Latinoamérica. Esta instancia es toda una tradición en las comunas de la zona norte de Santiago. (Foto: Nicolás Valdebenito)

Si bien el movimiento mundial de personas de países pobres a ricos en busca de trabajo no es una situación nueva, llama la atención de los expertos la velocidad y el alcance que han adquirido las migraciones desde la década de los ochenta.

El escenario no es distinto en Chile. Los cambios experimentados en las últimas décadas en la esfera política, económica, social y cultural han fortalecido su imageninternacional, contribuyendo a atraer flujos migratorios desdevotras naciones. Es así como se ha cuadruplicado la cifra formal de extranjeros residentes en el país en los últimos 15 años.

Este incremento y las características del movimiento muestran que estamos frente a un nuevo modelo, reflejado en la construcción de una red migratoria sur-sur (Echeverri, 2016), pues se trata de una migración laboral proveniente de países cercanos, que se concentra fundamentalmente en las regiones Metropolitana y de Antofagasta (INE, 2017).

Si bien este flujo está marcado por razones de trabajo, en muchos casos ha sido forzado por contextos de origen golpeados por la violencia social y estructural, que busca en Chile la estabilidad que en sus propios países no ha podido encontrar (Rojas y Silva, 2016).

Otro aspecto que caracteriza el patrón migratorio actual de Chile es la feminización del fenómeno. El país se ha convertido en los últimos años en una de las naciones receptoras de extranjeros más importantes de América Latina, y la población femenina, ya sea en solitario o como consecuencia de la reagrupación familiar, también se ha visto incrementada notablemente (Cano y Soffia, 2010).

Con respecto al Censo Nacional de Población y Vivienda de 2002, la proporción de mujeres en relación con el total de la población migrante aumentó sustantivamente en 2017, representando al 53,3% de los extranjeros residentes en Chile (Rojas y Silva, 2016).

LA IRRUPCIÓN DE LA MUJER. El país se ha convertido en los últimos años en una de las naciones receptoras de extranjeros más importantes de América Latina. La población femenina, ya sea en solitario o como consecuencia de la reagrupación familiar, también se ha visto incrementada notablemente. (Foto: César Cortés)
LA IRRUPCIÓN DE LA MUJER. El país se ha convertido en los últimos años en una de las naciones receptoras de extranjeros más importantes de América Latina. La población femenina, ya sea en solitario o como consecuencia de la reagrupación familiar, también se ha visto incrementada notablemente. (Foto: César Cortés)

Entre los oficios más comunes en los que se desempeñan prevalecen las labores en el área de servicios domésticos (Stefoni, 2002; Silva et al., 2014), situación que no difiere del fenómeno a nivel mundial.

Además, de acuerdo al Censo aplicado en 2017, se observa un aumento de la escolaridad de los inmigrantes latinoamericanos con un promedio de 11 años de estudio lo que, sin embargo, no necesariamente se traduce en mejores condiciones laborales en Chile (Arriagada, Apablaza, González y Sehnbruch, 2018).

Proceso de aculturación

Debido a los flujos migratorios de las últimas dos décadas, Chile está cambiando gradualmente su matriz cultural. Al respecto, es importante constatar que tanto inmigrantes como chilenos deben enfrentar juntos los diversos desafíos que impone la interacción e intercambio entre los diferentes grupos culturales que llegan al país.

Los inmigrantes, por una parte, se ven enfrentados a la necesidad de aprender acerca de la cultura que los recibe, a navegar socialmente con códigos distintos, en espacios y barrios desconocidos, muchas veces sin redes de apoyo, con altos niveles de incertidumbre y ansiedad ante lo desconocido.

También deben vincularse con los locales para poder asentarse y vivir en el país al que eligieron migrar. Producto de esto, es altamente probable que en ellos surja una nueva identidad, distinta a la que desarrollaron en su lugar de origen.

Por su parte, los chilenos enfrentan el reto de interactuar con personas y prácticas culturales distintas, pudiendo adoptar una disposición favorable hacia la inmigración en la medida que perciban que la llegada de personas de diferentes países enriquecerá su matriz cultural, haciéndola más diversa y atractiva (Verkuyten, 2006).

O bien, por el contrario, experimentar diversas formas de temor hacia una supuesta amenaza a la identidad nacional, desarrollando actitudes negativas hacia la inmigración y conductas de discriminación.

En este marco, la evidencia internacional muestra que la llegada de inmigrantes puede estimular el desarrollo de actitudes hostiles y xenofóbicas, especialmente en aquellos que perciben a los extranjeros como una amenaza (González, Sirlopú & Kessler, 2010; González y col. 2017; Stephan & Stephan, 2000).

Esto en la medida que piensen que podrían demandar servicios y recursos públicos (educación, salud); reducir las oportunidades laborales para los nacionales, afectando los salarios; y cambiar sus prácticas culturales (Green, 2009).

El fenómeno social antes descrito se conoce como “proceso de aculturación”, y al estudiarlo es posible comprender la manera cómo se influyen y acomodan mutuamente los miembros de los distintos grupos culturales cuando se inician procesos de inmigración (Brown & Zagefka, 2011; González, Sirlopú y Kessler, 2010; Schwartz, Montgomery, & Briones, 2006).

El ajuste, por cierto, toma tiempo y no está libre de dificultades.

Los inmigrantes deben enfrentar el desafío de vincularse con los locales, para poder asentarse y vivir en el país al que eligieron migrar. Producto de esto, es altamente probable que en ellos surja una nueva identidad, distinta a la que desarrollaron en su lugar de origen.

Contacto para el encuentro

El Estudio Longitudinal Social de Chile (Elsoc), del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), reveló el importante rol que juegan las experiencias de contacto tales como las interacciones cotidianas y las relaciones de amistad. A su vez, reflejó que las normas sociales estimulan el encuentro con inmigrantes como mecanismos que facilitan el desarrollo de la confianza y actitudes favorables hacia ellos.

Por ejemplo, a medida que aumenta en frecuencia y calidad la relación que se establece entre chilenos e inmigrantes peruanos, crece el sentimiento de agrado y confianza hacia ellos. De igual manera se revela que los chilenos que desean que los inmigrantes peruanos se integren a la sociedad, en comparación con quienes quieren que se asimilen, separen o marginen de ella, exhiben mayores niveles de agrado, comodidad y confianza. 

Adicionalmente, se constata que las experiencias de amenaza percibidas son en general más altas en la población que tiene un menor nivel educacional y en grupos socioeconómicos más bajos.

Sin embargo, los datos también revelan que las instancias de contacto actúan como un factor protector. Los chilenos que declaran tener experiencias de buena calidad con inmigrantes también perciben una menor amenaza, ya sea en el plano simbólico (“con la llegada de tantos extranjeros, Chile está perdiendo su identidad”) como en el plano realista (“con la llegada de tantos extranjeros a Chile, está aumentando el
desempleo”).

Hacia un Chile diverso

En este escenario, la situación migratoria en Chile representa un enorme desafío para quienes tienen la responsabilidad de diseñar políticas públicas. Un adecuado desarrollo en esta materia debiera considerar la evidente variabilidad de conductas y expectativas que son esperables que existan, tanto en la sociedad chilena como entre los inmigrantes.

La falta de información sistemática puede llevar a cometer errores importantes, asumiendo que la sociedad de acogida e inmigrante es homogénea en cuanto a sus conductas, aspiraciones y temores asociados a la inmigración.

Estimular el contacto entre chilenos e inmigrantes vinculado a experiencias positivas en el ámbito laboral, comunitario y a través de expresiones culturales como la música, el arte y la comida, pueden estimular el desarrollo de sentimientos y actitudes positivas y una mayor acogida, cuestión que se observa en otras latitudes.

Chile enfrenta el reto cultural y social de revisar y reemplazar su propia imagen nacional. Esta ha sido falsamente asimilada a la herencia europea y artificialmente aislada del contexto geográfico e histórico latinoamericano.

Así como la nueva realidad migratoria de un país con cuotas inéditas en su historia moderna obliga a un cambio cultural y al reconocimiento y valoración de un Chile diverso y panamericano, también fuerza un cambio en las políticas y regulación migratoria.

Los chilenos deben revisar y reemplazar su propia imagen nacional. Esta ha sido falsamente asimilada a la herencia europea y artificialmente aislada del contexto geográfico e histórico latinoamericano.

En efecto, la normativa central que en nuestro país regula la inmigración se conforma por un Decreto Ley de 1975 y su Reglamento de 1984, originados en una realidad social hoy anacrónica, y que corresponden a un país que veía en el extranjero un peligro a su seguridad nacional.

El Chile de hoy, por el contrario, es un país abierto al mundo en términos comerciales y comunicacionales y posee ingresos cercanos al desarrollo, con una creciente presión por la garantía de prestaciones sociales, las que no serán posibles de satisfacer sin la incorporación de una fuerza laboral migrante, que venga a rejuvenecer la pirámide demográfica y a aportar un dinamismo crucial para dar el salto al desarrollo.

En ese sentido, distintos proyectos de ley y propuestas de modificación de los mismos han sido presentados en los últimos años en el Congreso por distintos conglomerados políticos, intentando armonizar intereses en tensión, como lo son la seguridad nacional y la prohibición de entrada de personas con antecedentes penales, la necesidad de incorporación de una nueva fuerza laboral calificada extranjera y el deber de Chile, como miembro de la comunidad internacional, de respetar los derechos humanos de todos los que se encuentren en su territorio.

Las propuestas de reforma que prepara el Gobierno modernizan el actual sistema, flexibilizando las categorías migratorias, simplificando la extrema burocracia a la que deben enfrentarse los migrantes en la tramitación de permisos y plantea la necesaria incorporación de un servicio migratorio especializado.

Muchos de los elementos que se esperan de la próxima reforma suponen una mejora a la actual legislación, que en nada refleja la realidad migratoria del Chile de hoy.

Sin embargo, es importante que al momento de discutirse esta transformación global a nuestro sistema migratorio, puedan converger los intereses legítimos del Estado en términos de seguridad y desarrollo económico, con la perspectiva igualmente relevante del propio migrante como sujeto de derechos que llega a Chile a iniciar una nueva y mejor vida.

El Estado chileno, por su parte, podría integrar mucho mejor a estas personas si la institucionalidad encargada de definir las futuras políticas migratorias fuese trasladada desde el Ministerio del Interior al Ministerio de Desarrollo Social.

De esta forma se entiende que este país también es de sus inmigrantes y que el desarrollo y bienestar de estos significa igualmente su desarrollo y bienestar.

Es importante que al discutirse esta transformación global a nuestro sistema migratorio, puedan converger los intereses legítimos del Estado en términos de seguridad y desarrollo económico, con la perspectiva del propio migrante como sujeto de derechos que llega a Chile a iniciar una nueva y mejor vida.
 


Propuestas

  1. Crear más redes de apoyo para inmigrantes que enfrentan aquí otra cultura y otros códigos.
  2. Favorecer la posibilidad de construir una nueva identidad, sincrética, que incorpore a todas las culturas.
  3. Informar adecuadamente a los ciudadanos sobre los alcances de la inmigración, para evitar el surgimiento de sentimientos hostiles.
  4. Promover circunstancias de encuentro entre chilenos e inmigrantes.
  5. Revisar nuestra imagen nacional, a raíz de estos cambios en su demografía.
  6. Trasladar las políticas migratorias desde el Ministerio del Interior al de Desarrollo Social.

Para leer más

Referencias bibliográficas


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