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La deuda socioemocional y de educación cívica que tienen las aulas chilenas


Han pasado casi 365 días desde que un grupo de estudiantes secundarios decidió evadir el pago del servicio de metro en la Región Metropolitana. Un movimiento que creció sin precedentes y que recordó a los movimientos del 2006 y 2011. Mientras los alumnos reclaman por cambios estructurales en el sistema educativo, entre otros, las salas de clases aún no abordan con fuerza el tema de ciudadanía. ¿Una necesidad en espera?

photo_camera En educación se arrastran demandas desde hace más de una década que, para muchos, se sienten incumplidas, como es la desigualdad educativa.

Algunos dicen que todo comienza con los estudiantes: revolución pingüina (2006), movimiento universitario (2011) y hace un año ya un grupo de alumnos y alumnas secundarios evadió el pasaje del metro dando inicio, así, al conocido estallido social.

Un movimiento que ha desafiado diversas áreas de la sociedad y, por cierto, al sistema educacional que se enfrenta nuevamente a jóvenes que reclaman por promesas incumplidas e injusticia social. Un escenario incómodo y desafiante para el currículum escolar chileno que por décadas dejó atrás la materia de educación cívica y se enfocó a fortalecer un currículum que “enfatiza el aprendizaje de contenido casi memorístico y pocas habilidades. Los estudiantes tienen poco protagonismo en las salas de clases de básica y media. Sin esto es muy difícil que puedan desollar habilidades que se requieren para la vida cívica”, explica el director del Centro UC para la Transformación Educativa, CENTRE, Ernesto Treviño.

Sin embargo, estos movimientos sociales y otros en Chile han demostrado que las personas tienen un alto interés en la vida pública y “tienen mayor educación cívica de la que le hemos ofrecido en las escuelas. Esto se explica al análisis que hacen de sus propias realidades, del desencanto social y económico, de las promesas incumplidas”, agrega Treviño.

"Los estudiantes tienen poco protagonismo en las salas de clases de básica y media. Sin esto es muy difícil que puedan desollar habilidades que se requieren para la vida cívica” -  Ernesto Treviño, académico Facultad de Educación

Una opinión que comparte la académica de la Facultad de Educación, Marisa Meza: “Nos hacen ver que estábamos muy equivocados, por mucho tiempo se habló que no había interés en educación ciudadana ni en política y que había que entusiasmar a los jóvenes. El estallido social dejó en evidencia que no queríamos darnos cuenta, que el mundo adulto no quería aceptar que los estudiantes sí estaban interesados, se organizan de acuerdo a intereses. Debemos cambiar la perspectiva”.

¿Qué es lo que nos muestra el estallido social en educación?

Diálogo, participación y derechos, palabras que resonaban en las calles a fines del año pasado, pero que se mezclaban con algunas imágenes de violencia y destrozos en los espacios públicos. Entonces, ¿cómo lograr un debate en medio de diferencias y en una sociedad donde estas habilidades no se enseñan fuertemente? ¿Qué es lo que nos muestra el estallido social en educación?

Para el director del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación, Ceppe UC, Alejandro Carrasco, “es la importancia de la educación cívica, porque el diálogo y el intercambio de ideas y el espacio de disputa política o de reclamos, de demandas, en un contexto de paz se forma, también, ciudadanamente y en el currículum escolar. Por eso, esta es más importante que nunca en los currículums, en los espacios educativos, colegios y universidades para que se den espacio de discusión que entiendan las reglas de conversación democrática y donde se respeta la opinión de minorías”.

"La educación cívica es más importante que nunca en los currículums, en los espacios educativos, colegios y universidades para que se den espacio de discusión que entiendan las reglas de conversación democrática y donde se respeta la opinión de minorías” - Alejandro Carrasco, académico de la Facultad de Educación

Según la decana de la Facultad de Educación de la UC, Lorena Medina, “si uno quiere realmente aportar a la formación de personas más integrales que participan de su sociedad y que aportan a su construcción, se deben desarrollar ciudadanos con una mirada comprometida con sus pares, con su comunidad. (…) Esto supone que las y los niños desarrollen desde muy temprano una autonomía participativa en los espacios escolares y en esto los profesores podemos tener un rol fundamental: primero reconociéndolos como interlocutores válidos, pero esto no surge de manera espontánea, tiene que haber relaciones de comunicación en la sala de clases que permitan que ellos sean escuchados, que su opinión importa y que por lo tanto tienen el derecho a participar. Esto se aprende y se enseña".

"Lamentablemente", continúa la decana, "el currículum no está orientado así, pero sí hay avances importantes en la formación de profesores, por ejemplo, muchas de nuestras prácticas están orientadas justamente a desarrollar la autonomía y pensamiento crítico de los estudiantes”.

"Hay avances importantes en la formación de profesores, por ejemplo, muchas de nuestras prácticas están orientadas justamente a desarrollar la autonomía y pensamiento crítico de los estudiantes” - Lorena Medina, decana Facultad de Educación

La educación socioemocional, entonces, viene a jugar un rol importantísimo. A juicio de Meza, el desarrollar hábitos de discusión y respeto a la diferencia, por ejemplo, “supone que tengo que tener control de mis emociones y al mismo tiempo reconocer mis pasiones / intereses que son bienvenidos, pero deben organizarse y discutirse con otros para que permita la construcción de algo común. Aquí el rol de la escuela es clave: deben ser espacios que acogen estos intereses y que colaboren con la construcción de diálogos”.

En educación se arrastran demandas desde hace más de una década que, para muchos, se sienten incumplidas, como es la desigualdad educativa. Sin embargo, ha habido leyes en respuesta a cada uno de los movimientos estudiantiles: Ley General de Educación (LGE) en 2009, la reforma de aseguramiento de la calidad de la educación en 2012. Y entre el 2015 y 2016 la promulgación de la Ley de Inclusión, carrera docente y Nueva Educación Pública. Esfuerzos que apuntan a cumplir esas demandas, pero que a juicio de los expertos llegan tarde.
 


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