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Pueblos originarios

Museo Leandro Penchulef: Al reencuentro de la cultura mapuche en La Araucanía


Con más de 450 piezas históricas, el recinto ubicado en el campus Villarrica es el segundo museo de la comuna y el único bajo el alero de una universidad en la región. A 16 años de su apertura, se prepara para una renovación que busca reencantar a visitantes nacionales y extranjeros.

photo_camera Archivo UC

Metawe (jarros) que datan de 1600 a 1800 DC y puntas de flecha que rememoran tiempos de batalla. Todo esto y más es parte de la colección histórica del Museo Leandro Penchulef, ubicado en el campus Villarrica y cuya apuesta es difundir la cultura del pueblo mapuche mediante elementos que fueron y son relevantes para su desarrollo.

El espacio educativo, inaugurado en 2002, acoge a cerca de 2.800 visitantes al año, quienes llegan atraídos por las valiosas piezas que narran cómo era la vida al interior de la ruka y que develan costumbres y creencias ancestrales.

En una superficie de 66 m2 con aproximadamente 125 objetos pertenecientes a colecciones de cestería, platería, cerámica, cuero, lítico y textil, el museo presenta en sala seis puestas en escena: «Habitando el espacio doméstico: la ruka, chumlen ta mongen, ruka mew», «Hacia el puelmapu: viajes e intercambio en territorio trasandino», «La morada de los antepasados: eltun el cementerio mapuche», «Congregación social y religiosa: el espacio sagrado de la rogativa», «Entre lagos, bosques y volcanes: la relación hombre naturaleza» y «Compartiendo el trabajo: del antiguo lof a la actual comunidad».

«Hay piezas como un kupulwe, de la catalogación de madera y que es una cuna antigua. Contamos con hachas de piedra, puntas de flecha y toki kura, que tienen que ver con una relación de autoridad, usados alguna vez en tiempos de batalla», comenta Mariela Carimán, nueva directora de la unidad. Precisa que el objeto más antiguo es una escudilla (recipiente para sopa) del 300 DC - 1200 DC.

La colección

Al preguntar cuándo comienza a escribirse la historia del Museo Leandro Penchulef, la primera referencia es a 1980, cuando el padre Paul Wevering, director de la sede (hoy campus) Villarrica, en conjunto con el profesor de historia Alejandro Bustamante, reflexionaban sobre la riqueza de la cultura mapuche a raíz de una publicación en un periódico de la época que cuestionaba aquel aporte.

Por esos años, Wevering había iniciado una colección personal que reforzaría la idea de poner en valor el patrimonio local. «Cuando el sacerdote llegó a Villarrica, comenzó a estrechar un vínculo con las familias mapuche. Por diferentes razones existió un intercambio de utensilios por alimentos», comenta Carimán.

Con distintas donaciones realizadas por estudiantes y familias de la zona, así como también con la compra de piezas en Argentina, se dio inicio a lo que sería el Museo Leandro Penchulef, que debe su nombre a uno de los longko que participó en el parlamento de Putue en 1883, hito que da fin al proceso histórico llamado Pacificación de La Araucanía o Usurpación de La Araucanía.

«En la sede estábamos formando profesores y había una gran cantidad de estudiantes mapuche, entonces, veíamos que la cultura sí estaba presente y de alguna manera tenía elementos que la podían representar. Es por eso que empezamos a ubicar pequeños objetos como pali (pelotita), wiño (palo para golpear la pelota), cestos y cántaros», rememoró en una entrevista Alejandro Bustamante, quien asumió como primer director del museo.

Tras reunir un número considerable de piezas, al padre se le ocurrió instalarlas en un escaparate del Liceo Santa Cruz «donde funcionábamos antes, pero no estaban ordenadas; las íbamos juntando y guardando allí. Al final, mi oficina estaba llena de artefactos que se fueron acumulando», relató el antiguo directivo.

Teniendo en cuenta el valor material e histórico de los objetos, en una ocasión postularon al Fondo Nacional de la Cultura y las Artes (FONDART) en búsqueda de financiamiento, y posteriormente a la Fundación Andes, la que en 2000 acogió el requerimiento y financió gran parte de la puesta en valor y montaje del museo.

Para ejecutar el proyecto se formó un equipo de trabajo compuesto por profesores, antropólogos y alumnos de pregrado del campus; un grupo experto en museología del Museo Maurice van de Maele de la Universidad Austral de Chile, y una asesora de la Dirección de Archivos, Bibliotecas y Museos (DIBAM), cuyo trabajo se centró en dos áreas: la puesta en valor museográfica de las piezas de la colección y una investigación histórica de la zona lacustre de Villarrica.

En tanto, los problemas de espacio se solucionaron con la construcción del actual edificio universitario, que acoge en su planta baja al museo, inaugurado el 10 de mayo de 2002.

La renovación

Actualmente, y dado el espacio disponible, solo se muestra al público un 25 por ciento de las piezas de la colección, las que fueron seleccionadas de acuerdo a su importancia y al guión museográfico, es decir, la historia que se desea narrar mediante su organización y distribución.

Los elementos restantes -como cerámicas y platería- se mantienen en el depósito del museo. Sin embargo, y luego de 16 años sin cambios significativos, la sala de exhibición será reestructurada: se desarrollará un nuevo guión con la participación de asesores culturales y profesionales del área, se rediseñarán vitrinas y muros, y se fabricará y montará la museografía de puesta en escena de la vitrina.

Lo anterior se materializará gracias a la adjudicación de un proyecto del Fondo para el Mejoramiento Integral de Museos, categoría equipamiento, que entregará casi 45 millones de pesos, y el apoyo de profesionales del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR). Todo esto permitirá al recinto adaptarse a las necesidades de la audiencia e implementar nuevas medidas de conservación.

La renovación -que se iniciaría en este segundo semestre-, pretende reencantar a los visitantes, quienes en su mayoría corresponden a delegaciones estudiantiles.

Junto con las visitas guiadas y actividades educativas para colegios, desde hace años los esfuerzos también se han concentrado en preservar la historia de comunidades mapuche de La Araucanía a través de investigaciones que se plasman en libros editados por el campus, y que se reparten en distintas bibliotecas.

A estos volúmenes se les denominó «Historias locales», trabajos que reflejan la necesidad de rescatar la memoria de aquellos grupos humanos y que se transforman en valiosos registros que dan cuenta del asentamiento de los pueblos originarios.

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