UC y Universidad de Tarapacá se unen para impulsar las artes y humanidades desde los territorios
Con un financiamiento total de 3 mil millones de pesos en seis años, la iniciativa liderada por la Universidad de Tarapacá y la UC, busca impactar en la creación de conocimiento en las áreas de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales, promoviendo una formación e investigación más conectadas con los desafíos del territorio y sus comunidades. El primer hito son los Fondos Semilla, que financiarán 15 proyectos desarrollados por equipos de ambas universidades.
photo_camera eraLos proyectos financiados por los Fondos Semillas que se ejecutarán durante seis meses y abordan desafíos territoriales en las áreas de las humanidades, las artes y las ciencias sociales. (Crédito fotográfico: proyecto JAYMA)
En aymara, la palabra “jayma” significa “trabajo colectivo en beneficio de la comunidad”. Y esto es precisamente lo que busca esta alianza estratégica y de innovación social entre la Universidad de Tarapacá (UTA) y la Pontificia Universidad Católica de Chile dentro del programa Conocimientos 2030, diseñada para impulsar la colaboración interdisciplinaria en humanidades, artes y ciencias sociales.
Ambas instituciones se adjudicaron recientemente la segunda etapa del concurso “Conocimientos 2030, etapa 2: Implementación del Plan Estratégico, convocatoria 2024”, de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID). La propuesta, que busca colaborar estratégicamente en el fortalecimiento de sus unidades académicas de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (HACS), consiguió el mejor puntaje a nivel nacional entre las 11 instituciones seleccionadas y obtuvo un financiamiento de 3 mil millones de pesos por un período de seis años.
“Veo proyecciones muy importantes para las ciencias sociales, las artes y las humanidades. Junto con la Universidad Católica estamos construyendo una asociación virtuosa para fortalecer estas áreas e incorporar nuevas tecnologías y formas de conocimiento. Esto es fundamental para fomentar el pensamiento crítico y reflexionar sobre los desafíos y límites éticos que plantean estas nuevas tecnologías”, destacó la directora de JAYMA Conocimientos 2030 y decana de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Tarapacá, Marietta Ortega Perrier.
Durante la ceremonia de lanzamiento, realizada en Arica, la vicerrectora de Investigación y Postgrado UC María Angélica Fellenberg, destacó que: “JAYMA es una oportunidad para conectar el conocimiento con los grandes desafíos del país, desde una mirada interdisciplinaria y vinculada con los territorios. Las Humanidades, las Artes y las Ciencias Sociales son fundamentales para comprender las dimensiones humanas y sociales de estos desafíos. Al mismo tiempo, necesitamos fortalecer la vinculación y la transferencia de este conocimiento, para que llegue a la sociedad y genere impacto. Esta alianza entre la Universidad de Tarapacá y la UC nos permite sumar capacidades y saberes al servicio del bien común”.
Avanzar hacia un trabajo inter y transdisciplinario
En esta fase se desarrollarán las acciones definidas en la etapa inicial, orientadas a transformar los procesos de formación, investigación, innovación y vinculación con el medio, desde un enfoque inter y transdisciplinario.
“En este segundo período, nuestro objetivo es consolidar lo avanzado: fortalecer los vínculos entre nuestros equipos de investigación, avanzar en la producción de conocimiento de excelencia, y profundizar el trabajo articulado entre nuestros tres ejes: Docencia, Investigación y Vinculación con el Medio, y Ciencia Abierta y Género”, explicó Carolina Ojeda, directora ejecutiva de JAYMA.
La iniciativa se alinea con el Plan Estratégico UC 2026-2030, que busca poner a disposición de todo el país el conocimiento generado desde la academia. Como destacó la vicerrectora Fellenberg, JAYMA busca “resolver temas que no son fáciles de acordar desde una sola disciplina, sumando a la discusión académica, las comunidades con sus saberes, permitiendo una bidireccionalidad, es decir se aprende a enfrentar temas desde distintas miradas. Esto está sumamente enlazado con nuestro plan estratégico que tiene que ver cómo poner a disposición del país la generación de conocimiento para transformar Chile”.
La ceremonia de lanzamiento se realizó el pasado 13 de agosto en la Universidad de Tarapacá, en la que participaron autoridades gubernamentales y universitarias de ambas casas de estudios.
Fondo Semilla: trabajo con las comunidades
Uno de los hitos clave que ya comenzó a desarrollar JAYMA, son los Fondos Semilla, que financiarán 15 proyectos desarrollados por equipos de ambas universidades, con el propósito de fortalecer la colaboración interdisciplinaria y generar conocimiento junto con las comunidades.Las iniciativas, que se ejecutarán durante seis meses, abordan desafíos territoriales en las áreas de las humanidades, las artes y las ciencias sociales.
En la UC, participan académicos de las facultades de Letras, Artes -Escuela de Teatro-, Arquitectura, Diseño y Estudios Urbanos, Ciencias Sociales e Historia, Geografía y Ciencia Política, lo que da cuenta del carácter interdisciplinario de la convocatoria.
Para el decano de la Facultad de Letras UC y director alterno de JAYMA, Cristián Opazo, esta primera convocatoria constituye una hoja de ruta para fortalecer la colaboración entre ambas universidades y las comunidades del norte de Chile y la Región Metropolitana. “Estamos entregando 100 millones de pesos a investigadores de ambas casas de estudio que siguen líneas de acción relacionadas con la vinculación territorial, la puesta en valor del patrimonio y las memorias locales; las actividades culturales, artísticas y de mediación; y el fortalecimiento de capacidades y redes colaborativas”.
Vínculo con los territorios
Entre las iniciativas adjudicadas, tres proyectos ejemplifican la diversidad temática del Fondo Semilla JAYMA y su apuesta por el trabajo colaborativo con los territorios.
El proyecto Sueño Barrio busca, a través de las artes escénicas y las ciencias sociales, explorar y cocrear imaginarios de futuro en los barrios La Bandera, en la Región Metropolitana, y Alto Hospicio, en la Región de Tarapacá, territorios urbanos marcados por la desigualdad y las conflictividades.
Se realizarán dos lecturas dramatizadas, una para cada territorio, pero partiendo de una matriz común. El desarrollo de estas se basará en investigaciones en curso del Instituto Milenio para la Investigación en Violencia y Democracia sobre memorias, violencias y experiencias territoriales, y posteriormente serán presentadas en cada territorio, junto con instancias de retroalimentación de las propias comunidades.
“A partir de nuestra observación, conversaciones y entrevistas, vamos a crear estas pequeñas obras, estas lecturas dramatizadas y presentarlas a distintos grupos de cada comunidad. Esperamos que, a partir de esas conversaciones, ocurran tres cosas: que la gente se entretenga; que podamos recibir retroalimentación para ir modificando el texto; y entender mejor cómo las personas imaginan, temen y sueñan estos lugares en los que viven”, dice Andrés Kalawski, profesor de la Escuela de Teatro UC y líder del proyecto.
Sobre el aporte del teatro en este proceso, el académico explica que “el conocimiento que se obtiene a través de la representación, es distinto. El teatro ofrece lo que llamamos una experiencia encarnada, una experiencia que pasa por el cuerpo. Lo que vamos a tratar de hacer es ofrecerle a la gente, a partir de su propio imaginario, material para seguir imaginando y, ojalá, que en todo ese camino podamos entender todos un poco más”.
La diversidad cultural y la primera infancia
Barreras de comunicación, diferencias en las expectativas sobre la crianza, dificultades para generar vínculos de confianza y tensiones derivadas de la convivencia, son algunos de los desafíos que presenta la educación inicial ante la creciente diversidad cultural.
PRISMA busca comprender cómo se construyen cotidianamente las relaciones entre equipos educativos, niños y sus familias en jardines infantiles de Arica y Santiago, para diseñar herramientas que fortalezcan una atención más inclusiva y pertinente, como cápsulas audiovisuales, juegos y material visual impreso.
“Uno de los riesgos es interpretar estos desafíos exclusivamente desde la diversidad cultural, cuando muchas veces también están atravesados por desigualdades sociales, condiciones institucionales y características propias de cada territorio. Lo intercultural nunca ocurre en el vacío”, explica la académica de la Escuela de Antropología UC y líder del proyecto, Marjorie Murray.
“Precisamente ahí radica el aporte de PRISMA”, agrega la docente: “En lugar de asumir de antemano cuáles son los problemas o las soluciones, el proyecto busca comprender cómo estas situaciones son vividas e interpretadas por los propios equipos educativos, los niños y sus familias”.
En el proyecto, que forma parte de una línea de investigación desarrollada en conjunto con el Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR), participarán investigadores de la UTA y la UC provenientes de disciplinas como la antropología, la psicología, el trabajo social, la comunicación y el diseño. “La articulación entre territorios, disciplinas y experiencias no es solo una característica del proyecto, sino su principal apuesta”, enfatiza la académica.
Las voces que preservan la memoria colectiva
Otro proyecto es Archivo sonoro y memoria de la diversidad lingüística en el norte de Chile, correspondiente a la línea de puesta en valor del patrimonio y las memorias locales del Fondo Semilla JAYMA, liderado por la académica de la Facultad de Letras UC Diana Muñoz.
La iniciativa busca crear un archivo sonoro digital con relatos orales y registros de voz de comunidades chilenas, migrantes e indígenas del norte del país. Para ello, docentes y estudiantes de Fonética de la Universidad de Tarapacá y la UC realizarán un trabajo de campo colaborativo para documentar distintas formas de hablar y experiencias de vida.
Para la investigadora, preservar estas expresiones es también una forma de resguardar el patrimonio cultural del territorio. “En el norte de Chile conviven voces, acentos y lenguas que reflejan historias de migración, identidad y memoria colectiva, muchas de las cuales han sido poco documentadas o incluso estigmatizadas”, explica.
En ese sentido, destaca que un archivo sonoro abierto permitirá que este patrimonio “no quede restringido al ámbito académico, sino que pueda ser conocido, escuchado y utilizado por estudiantes, docentes, investigadores y la ciudadanía en general”.
A su juicio, “escuchar las voces de las personas es también una manera de promover la inclusión, fortalecer la convivencia intercultural y generar una memoria compartida más inclusiva para las futuras generaciones”, concluye.