Carta pastoral del Cardenal Fernando Chomali a los profesores
El Arzobispo de Santiago, Cardenal Fernando Chomali, dirige una carta a los/las profesores/as con llamado a renovar la vocación docente en tiempos desafiantes.
El arzobispo de Santiago dirigió una carta a los profesores, en la que expresa la importancia de su trabajo, vocación y servicio: "El futuro de Chile será lo que hoy se vive en sus aulas. Nuestro futuro está en sus manos. Ustedes, con su trabajo diario, silencioso y exigente, están dando forma a la sociedad del mañana. Ahí radica la importancia de su vocación. Son verdaderos constructores del alma de Chile", señala.
En sus palabras, reconoce además el cansancio: "(...) muchos profesores están cansados. Cansados por la sobrecarga, por el desgaste emocional, por la dificultad de enseñar en contextos cada vez más tensos, por la falta de reconocimiento, por la pérdida de respeto y por la violencia que se ha instalado en muchos ambientes educativos", explica.
Además, ahonda en lo desafiante que resulta la vocación de educar: "Hoy ser profesor es una de las profesiones más difíciles de nuestra sociedad. Construir un edificio requiere capacidad, técnica, recursos y planificación. Pero formar a un joven exige mucho más, porque estamos hablando de acompañar su crecimiento vital y de ayudarlo a formar su carácter, orientar sus decisiones y encontrar sentido a su vida. Un buen profesor abre horizontes, plantea preguntas decisivas, sostiene a un alumno cuando nadie más lo hace y marca el corazón de sus estudiantes para toda la vida".
Para afrontar las dificultades del contexto educativo actual, el Cardenal propone tres claves para renovar la vocación docente:
La primera de ellas: instaurar una cultura del amor. "Un estudiante aprende mejor cuando se sabe amado, respetado, escuchado y tomado en serio. Nadie crece bien donde se siente humillado, ignorado o despreciado. Nadie despliega lo mejor de sí mismo en un ambiente frío. Educar exige cercanía. Exige humanidad. Exige mirar al alumno y decir, con obras más que con discursos: tu vida vale, estoy aquí, espero mucho de ti", escribe.
La segunda, educar desde una mayor profundidad espiritual. "Los conocimientos técnicos, la vida social, la moral y la ética son importantes, pero no bastan. Transformar la vida de nuestros estudiantes exige llegar más hondo. Su deseo de infinito, su sed de verdad y su necesidad de sentido deben ser atendidos", expresa.
En tercer término, educar con esperanza. "Un profesor esperanzado no es un ingenuo. Es alguien que, aun viendo la dificultad, no renuncia a creer que un estudiante puede cambiar, madurar, levantarse y volver a empezar. Educar es sembrar. Y sembrar implica paciencia, realismo y confianza en que la semilla dará fruto", indica.
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