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¿Cómo enfrentar el Covid-19 desde la fe?


"Tras la perplejidad a lo desacostumbrado, la crisis sanitaria trajo consigo incertidumbre y ensimismamiento", dice en esta columna el vice gran canciller UC, Tomás Scherz, quien sugiere una posible manera de enfrentar la pandemia a la luz de la fe y del ejemplo del rey David. El siguiente es un artículo de la última edición de Visión, el diario de la comunidad universitaria.

photo_camera "Que (el Señor) nos regale su Palabra de bienaventuranza. Es la mejor condición para seguir enfrentando el Covid-19 y sanar la pandemia silenciosa del alma", dice el presbítero y vice gran canciller de la UC, Tomás Scherz. Imagen de una misa en la Iglesia del Sagrado Corazón de campus San Joaquín.

Es evidente que la pandemia ha significado un desafío no menor para nuestra universidad. Podríamos decir, se nos ofreció como la oportunidad para ejercer un gran servicio. El previo contacto con investigadores, la recomendación prudencial en vistas del bien común y la participación en instancias como la mesa social, nos han ayudado en la esencial vocación de servicio universitario. La pandemia nos ha obligado a actuar de manera solidaria.

Sin embargo, hay que reconocer que paralelamente, también hemos vivido una suerte de procesión penosa. Después de la perplejidad a lo desacostumbrado, la pandemia trajo consigo incertidumbre, sufrimiento, agobio en la enfermedad, y la misma muerte. Esa que nos parecía tan lejana. A ello se agrega el desempleo y la pobreza. Al procurar el cuidado propio y el de los demás, hemos tenido que implementar un trabajo y un estudio a distancia, lo que ha afectado, ciertamente, a las habituales relaciones sociales. La misma salud mental, cual eufemismo de desesperanza, despuntó agresiva. El gesto de caridad con el prójimo y con nosotros, terminó sirviendo para escondernos, y para sospechar de la intemperie, incluso de la vida de la comunidad y del país.

"El gesto de caridad con el prójimo y con nosotros, terminó sirviendo para escondernos, y para sospechar de la intemperie, incluso de la vida de la comunidad y del país" - Padre Tomás Scherz, vice gran canciller de la UC

¿Qué actitud asumir?

En lo personal me parece interesante el caso del rey David, quien después de haber mandado hacer un censo en la población para medir las fuerzas militares de su reino, reconoció su soberbia: “Señor, perdona, te ruego, la falta de tu siervo, pues he sido muy necio”. El profeta Gad le propuso elegir entre tres castigos: “Tres años de gran de hambre en tu país, tres meses de derrotas ante tus enemigos y que te persigan, o tres días de peste en tu tierra”. David respondió: “Estoy en gran angustia. Pero caigamos en manos del Señor, que es grande su misericordia. No caiga yo en manos de los hombres. Y David eligió la peste para sí” (2 Sam 24, 14-15).

Y aunque sabemos que no se trata de un castigo, lo experimentado nos ha parecido desproporcionado. Injusto: lo nuestro se ha extendido ya por tres semestres y no por tres días. Cuando David decidió caer en manos del Señor, porque es grande su misericordia, le significó repensar su acostumbrada vida. No se trató de una apelación a un último recurso, mágico. Se trata de una serenidad humilde, que al final elimina la propia obsesión por resolver las cosas a mi manera. Incluso a la virulencia desesperanzada, a la que, con seguridad, hoy somos vulnerables. Junto a la pandemia, sabemos, aún sigue latente el clima de incertidumbre, polarización y miedo en nuestra comunidad, nuestro país. 

"Que Él (el Señor) limpie la infección del ensimismamiento o la sospecha virulenta. Que nos regale su Palabra de bienaventuranza. Es la mejor condición para seguir enfrentando el Covid-19 y sanar la pandemia silenciosa del alma. Es, además, la mejor manera para hacer universidad y país"- Padre Tomás Scherz, vice gran canciller de la UC

Sin embargo, aunque David se obsesionó al prepararse para la guerra, entró en su corazón y se dijo: caigamos en manos del Señor, que es grande su misericordia. Que Él limpie la infección del ensimismamiento o la sospecha virulenta. Que nos regale su Palabra de bienaventuranza. Es la mejor condición para seguir enfrentando el Covid-19 y sanar la pandemia silenciosa del alma. Es, además, la mejor manera para hacer universidad y país.

Lea la edición completa de la última edición de Visión, el diario de la comunidad universitaria.


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