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Instituto de Éticas Aplicadas:

Discernimiento ético: una urgencia global


Que las personas tengan las herramientas necesarias para tomar decisiones éticas en los distintos ámbitos de la vida, es lo que busca este nuevo instituto interdisciplinario que cuenta con la participación de todas las facultades de la universidad. Liderado por el académico Juan Larraín, buscará desarrollar docencia, investigación y vinculación con el medio desde una ética práctica.

photo_camera Desarrollo del discernimiento y reflexión ética en toda la comunidad universitaria a través de docencia, investigación y vinculación con el medio, de manera interdisciplinaria, es lo que busca el nuevo Instituto de Éticas Aplicadas. (Crédito fotográfico: César Cortés)

Equidad de género, crisis medioambiental, inteligencia artificial, la distribución de la riqueza, las “fake news” o noticias falsas, y el mundo de los negocios, son todos temas -entre muchos otros- en que la ética tiene mucho que decir.

Pero no hablamos de una ética teórica, sino de una ética aplicada. Es decir, aquella que busca resolver interdisciplinariamente desafíos éticos concretos; opera a través de la aplicación de criterios y principios éticos propios de las teorías éticas normativas, así como la convergencia de saberes de diversas disciplinas.

La reflexión ética ha sido parte del quehacer mismo de la Universidad -como institución católica-. Ha contribuido a través de los cursos de ética y de éticas aplicadas impartidos por el Instituto de Filosofía; el aporte del Centro de Bioética en las discusiones sobre el derecho a la vida y la protección de la dignidad de los pacientes; o la Unidad de Ética y Seguridad en Investigación de la Vicerrectoría de Investigación, entre otras instancias.

Sin embargo, entre los años 2017-2018 se inició un trabajo de reflexión con el propósito de idear una iniciativa que permitiera desarrollar las éticas aplicadas de forma transversal dentro de la UC. Fruto de ello, sumado al aporte de la Dirección Superior y del cuerpo académico, es que nace el nuevo Instituto de Éticas Aplicadas.

“Como Universidad buscamos contribuir al desarrollo del discernimiento y reflexión ética en toda la comunidad universitaria, y de la institución propiamente tal en su propio quehacer. Este es un proyecto institucional de carácter transversal e interdisciplinario, que estamos implementado para promover la formación, investigación y vinculación con el medio en relación a temas de ética que son de urgencia global”, explica el rector Ignacio Sánchez.

Como cuenta el director del Instituto de Éticas Aplicadas y académico de la Facultad de Ciencias Biológicas, Juan Larraín: “Este es un proyecto que se me encarga en abril de 2020, producto de una conversación que se venía dando desde antes al interior de la Universidad respecto de la importancia de contar con una instancia institucional y transversal, que reflexione respecto de temas de éticas de actualidad en las distintas áreas del saber”. Y destaca que el objetivo es que “el hábito del discernimiento ético se encuentre en la base de la formación de las personas, de modo que puedan contar con estas herramientas para su toma de decisiones a lo largo de su vida”.

Convergencia de miradas

Parte del equipo del nuevo Instituto de Éticas Aplicadas: (de izq. a der.) Fernando Arancibia, Alejandra Marinovic, Juan Larraín, Constanza Guajardo y Maria Elena Gronemeyer.
Parte del equipo del nuevo Instituto de Éticas Aplicadas: (de izq. a der.) los profesores Fernando Arancibia, Alejandra Marinovic, Juan Larraín, Constanza Guajardo y Maria Elena Gronemeyer. (Crédito fotográfico: Karina Fuenzalida)

La interdisciplina es un rasgo distintivo de este nuevo Instituto. Como afirma el rector Ignacio Sánchez, en esta iniciativa “participan todas las unidades académicas de la universidad. Con ello, aspiramos a hacer de la deliberación ética, –en la que debe también estar presente la discusión de nuestra propia ética institucional– un hábito y una característica de nuestros estudiantes, académicos, funcionarios y de la comunidad en su conjunto”.

Y como agrega el rector: “Queremos contribuir con investigación interdisciplinar de alta calidad, que pueda impactar en nuestro país y en nuestra región, generando de esa forma una plataforma para la discusión de los temas contingentes”.

Por su parte, el académico Olof Page, decano de la Facultad de Filosofía, explica que el nuevo instituto “le permitirá a la Universidad abordar de manera más orgánica, tanto en docencia como en investigación, algunas de las problemáticas más acuciantes de este tiempo, lo que fortalece el compromiso público que tiene nuestra Universidad con los temas que afectan al país y al mundo".

“Este proyecto de éticas aplicadas que ha desarrollado la UC tiene como misión y objetivo una integración interdisciplinaria basada en la colaboración, siendo además conscientes del rol social que tendremos como instituto. La ética aplicada necesita nutrirse de la esfera social para encaminar proyectos que se basen en la reflexión y justificación ética, pero con una meta de acción clara para mejorar la vida de ciudadanos y profesionales”, afirma Gabriela Arriagada, profesora recién contratada que formará parte del Instituto de Éticas Aplicadas.

“Esto es sencillamente extraordinario si se mira en el contexto nacional e internacional, ya que sitúa a nuestra universidad dentro de las pioneras al otorgar una importancia prioritaria a los asuntos éticos de naturaleza interdisciplinar”, afirma el académico experto en éticas aplicadas  del Instituto de Filosofía Mauricio Correa.

El objetivo es realizar investigación interdisciplinaria que genere conocimiento nuevo y relevante que ilumine el discernimiento ético-práctico, que permita robustecer la construcción de propuestas de soluciones a situaciones contingentes, ofreciendo respuestas fundadas que aporten a la discusión pública. Así como también, desarrollar estrategias que guíen la toma de decisiones y los lineamientos éticos específicos de instituciones y organizaciones públicas y privadas.

“Si bien la Universidad tiene profesores en las facultades que individualmente aportan en estas áreas, es importante contar con una instancia transversal que aborde en conjunto estas temáticas desde una diversidad de miradas”, afirma el profesor Larraín.

Y como agrega el decano de Filosofía: “La naturaleza misma de la ética aplicada requiere necesariamente trabajo interdisciplinario, tanto en docencia como en investigación, porque es necesario un grado de conocimiento de la cuestión respecto de la cual se busca hacer un análisis ético. No se puede hacer un trabajo sobre ética de los alimentos, por ejemplo, sin saber sobre los procesos productivos en los que los alimentos están involucrados, el mundo laboral en el que se inserta su comercialización, su relación con bienes escasos como el agua, la información nutricional a la hora de su consumo, etc.”

Pero incluso lo interdisciplinario no es suficiente, se requiere un esfuerzo transdisciplinar, que incluya a diversos actores sociales. Es decir, los expertos de distintas disciplinas, profesionales y ciudadanos deben cruzar las líneas de sus quehaceres, para poder avanzar hacia una reflexión y resolución de problemas éticos de manera conjunta.

“El saber ético que indaga nuevas respuestas prácticas es siempre creativo, pero como tarea colaborativa. Aquí conviene enfatizar que las éticas aplicadas nacen dentro de cada campo de interés; es decir, nace dentro de la ingeniería, de la agronomía, de la economía, de la arquitectura y del urbanismo, etc. Esto significa que el interés ético se modula en cada campo asumiendo sus propias reflexiones, problemáticas y búsqueda de respuestas. Todo esto dentro de una comunidad en la que participan personas provenientes de diferentes campos profesionales y del conocimiento”, explica el profesor Correa.

Es así como los temas son muy variados. Por ejemplo, la profesora Arriagada, filósofa UC que está terminando su doctorado en la Universidad de Leeds, abordará la ética de datos y de la inteligencia artificial. Específicamente, tópicos como justicia algorítmica; sesgos y discriminación; explicabilidad, interpretabilidad y transparencia; y el rol de la inferencia causal en la ética de datos.

Otra temática clave es la ética de las finanzas y los temas monetarios, es la línea que desarrollará la profesora Constanza Guajardo, ingeniera UC y PhD por la Universidad de Oxford, quien  ha sido recientemente contratada para formar parte del Instituto de Éticas Aplicadas “Específicamente, investigo sobre temas normativos relacionados con las crisis financieras y la deuda soberana. A modo de ejemplo, algunas preguntas que he considerado en mi investigación son: ¿Hay injusticia en el sistema monetario internacional, y si la hay, cuándo ocurre? ¿Se puede justificar la especulación sobre las monedas de los países? ¿Quiénes son responsables por las crisis financieras? ¿Es justo que los países tengan que tomar deuda para salir de una crisis financiera?”, explica. A lo que se suma su reciente interés por el tema de las sanciones económicas en el contexto de guerra.

El objetivo es que “el hábito del discernimiento ético se encuentre en la base de la formación de las personas, de modo que puedan contar con estas herramientas para su toma de decisiones a lo largo de su vida” - Juan Larraín, director Instituto de Éticas Aplicadas.

Un puente entre facultades

Dado su carácter interdisciplinario, el nuevo Instituto no depende de una facultad específica, sino que su estructura está compuesta por un Consejo Directivo, integrado por decanos de diversas facultades y que tendrá al decano de la Facultad de Filosofía como decano representante; un director; y profesores del Instituto.

“El carácter esencialmente interdisciplinario del Instituto – que implica que éste no está alojado en ninguna unidad académica específica – hace particularmente necesario que se establezcan relaciones de colaboración con todas las Facultades de la Universidad. En buena medida el éxito de este proyecto (que ya es una realidad) se juega en no perder de vista este aspecto”, expresa Olof Page.

Su misión será diseñar, dirigir y coordinar el desarrollo y la enseñanza de la ética aplicada en toda la UC; realizar y promover investigación interdisciplinaria en ética aplicada; convertirse en líder de opinión y guiar la búsqueda de soluciones a los problemas éticos actuales, proponiendo criterios y principios que orienten la reflexión y la acción; y trabajar en conjunto con toda la Universidad para aportar a la mejora continua de nuestra ética universitaria.

En términos de organización, el Instituto contará con profesores con dedicación exclusiva, académicos compartidos con otras facultades y con la participación de los docentes que ya imparten ética en sus respectivas unidades.

“Queremos contribuir con investigación interdisciplinar de alta calidad, que pueda impactar en nuestro país y en nuestra región, generando de esa forma una plataforma para la discusión de los temas contingentes” - Ignacio Sánchez, rector UC.

Poner en valor la reflexión ética

(Crédito fotográfico: César Cortés)
"Pienso que el desafío está en motivar a los estudiantes a hacerse preguntas sobre ética aplicada y a generar por sí mismos las respuestas”, dice la profesora Gabriela Arriagada respecto de los retos que deberá abordar el nuevo Instituto. (Crédito fotográfico: César Cortés)

Varios son los retos que enfrenta este Instituto. Entre ellos: “Mostrar la enorme importancia que tiene la ética en el quehacer profesional en el que se desarrollarán nuestros y nuestras estudiantes. La dimensión ética de este quehacer no es un añadido decorativo, sino que es parte esencial del futuro desarrollo personal y profesional de nuestros egresados y egresadas. Esto requiere mostrar, en el aula, la conexión entre lo que se estudia y su respectivas y posibles dimensiones éticas. El desafío aquí es integrar de manera atractiva la disciplina de base con el análisis ético. Por esta razón creo que innovar en docencia es un elemento que puede contribuir a que esta conexión sea vista por las y los estudiantes de manera clara”, expresa el decano Olof Page.

Como afirma la académica Gabriela Arriagada, un reto importante es “establecer un puente que permita a los estudiantes no solo conocer sobre la ética aplicada, sino que entenderla como parte fundamental de su profesión. Es muy fácil caer en prácticas de enseñanza que simplifiquen a la ética aplicada como una etiqueta de discusión, que analiza los problemas en tercera persona, es decir, el problema ético existe en el mundo, pero no es un problema con el que el estudiante se identifica”.

Por su parte, la profesora Constanza Guajardo agrega: “Las éticas aplicadas son una disciplina democrática, frente a un problema ético la mayoría de las personas puede ofrecer razones normativas para defender una posición. Pienso que el desafío está en motivar a los estudiantes a hacerse preguntas sobre ética aplicada y a generar por sí mismos las respuestas”.

Como añade el profesor Mauricio Correa, “quizá el más importante, es lograr la transdisciplinariedad. Esto supone que las y los profesionales se encuentren dispuestos a cruzar la línea del propio campo de pertenencia. Para la enseñanza de las éticas aplicadas necesitamos que quien se dedica a la Ingeniería cruce hacia la ética o filosofía moral, y también a la inversa. Del mismo modo quienes se dedican a la economía, la agronomía, el periodismo, etc. Cada cual sigue siendo experto en su propio campo, pero para entablar un trabajo colaborativo fructífero es necesario un cierto bagaje tanto sobre la ética como sobre el campo específico con el que pretende dialogar”.

A mediano plazo, “creo que es importante que el Instituto pueda establecer conexiones de diverso tipo con universidades de nuestro continente, dado el tipo de problemáticas similares. También lo veo participando de la discusión pública de nuestro país, con una voz crítica pero constructiva”, afirma Olof Page.

Como explica Juan Larraín, se espera aumentar en contrataciones de profesores, de manera de poder cubrir todas las unidades académicas y fortalecer la presencia del Instituto en la comunidad Universitaria. Así como también hacer un aporte a la investigación -de hecho los académicos y académicas ya están postulando a proyectos-; y contribuir a las políticas públicas. En suma, lograr lo que precisamente más le motiva de este proyecto: “Impactar directamente a la sociedad”.


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