Skip to content

El legado de Jorge Eduardo Rivera


Discípulo de Heidegger y traductor de la obra cumbre de este filósofo alemán (Ser y tiempo), el profesor Rivera -fallecido esta semana a los 90 años- supo compatibilizar su fe con los cuestionamientos de la razón. Esta es una semblanza de dos de sus colegas de la Facultad de Filosofía.

photo_camera Archivo UC

"Jorge Eduardo Rivera Cruchaga es, a juicio de muchos, un representante de lo mejor de la filosofía chilena. Ha sido el maestro indiscutible de muchos filósofos que enseñan hoy en nuestras universidades y en la Universidad Católica. Es hasta hoy reconocido como uno de los profesores que ejerció mayor influencia en sus alumnos y uno de los más brillantes que ha pasado por sus aulas.

Rivera es reconocido como uno de los mayores especialistas en el pensamiento de Martin Heidegger, a quien conoció personalmente y compartió en su casa de la Selva Negra. Su traducción de Ser y tiempo fue alentada por el propio Heidegger y lleva décadas siendo utilizada y elogiada en todo el mundo de habla hispana.

Los numerosos cursos que realizó en el Instituto de Filosofía de nuestra universidad se llenaban de alumnos provenientes de todas las facultades, hasta el punto que, no habiendo ya asientos en la sala, muchos se acomodaban en el suelo para poder asistir.

Estas clases abordaban temas de la más variada índole, pues Rivera ha sido un estudioso en profundidad de casi todos los grandes pensadores de la historia de la filosofía, tales como Heráclito, Parménides, Platón, Aristóteles, San Agustín, los escolásticos, Descartes, Hegel, Kierkegaard, Heidegger y Zubiri, por nombrar algunos. Todos ellos fueron leídos y estudiados por Rivera en su idioma original, pues él sostenía que ninguna traducción podía reemplazar la lengua madre de un pensador. De hecho, no hace mucho tiempo, y no bastándole los diez idiomas que domina, tomó clases de danés para releer a Kierkegaard.

Cuando quería enseñar a un filósofo cuyas traducciones al idioma español no le satisfacían plenamente, realizaba él mismo la tarea de traducirlo, de acuerdo a lo que según él guardaba una mayor fidelidad al texto original. Así de en serio se tomaba sus obligaciones como profesor, mucho más allá incluso de lo que le correspondía. Jorge Rivera es un verdadero maestro y su amor por el saber y por la enseñanza no reconoce límites. ¡Qué ejemplo más grande para las actuales generaciones de profesores y también de alumnos!"

Este es un extracto del prólogo escrito por Mariano de la Maza, decano de la Facultad de Filosofía, y María Teresa Stuven, profesora del Instituto de Filosofía,y perteneciente al libro "De asombros y nostalgia", reeditado por Ediciones UC en 2016.


¿te gusta esta publicación?
Comparte esta publicación

Contenido relacionado