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Las imágenes de la Natividad


Un recorrido por los cambios y simbolismos que esta escena ha tenido en las representaciones visuales, de la mano de la académica de la Escuela de Arte UC, Claudia Campaña.

photo_camera  "La Anunciación", de Fra Angélico, está ubicada en el Museo del Prado y se enfoca en el anuncio del ángel Gabriel, previo a la natividad.

Todo parte con una anunciación. En la Biblia, un enviado de Dios, el ángel Gabriel, va a Galilea a darle el anuncio de su maternidad a María. Fue el Concilio de Éfeso -del año 431-, que declaró a María como madre de Dios, desde esa fecha su imagen aparece en la Natividad.

Así comienzan las representaciones artísticas de esta escena, entendiéndose su iconografía, en su definición más estricta, como una escritura por medio de imágenes. Por lo tanto, lo que los artistas visuales comienzan a hacer desde este periodo es pintar o esculpir este pasaje bíblico para aquellos que no sabían leer. 

“El arte visual ‘escribe con imágenes’. Y éstas de la Natividad nos dicen muchísimo. Ninguna obra es igual a la otra, hay una tremenda variedad en las representaciones de los artistas de la Edad Media, del Renacimiento y del Barroco”- dice Claudia Campaña, en una de las charlas culturales realizadas por el Centro de Extensión UC.

Muchos artistas se enfocaron en representar antes el episodio de La Anunciación, de la llegada de Cristo. 

“Para quienes han sido madres, este instante, aquel en que se les anuncia que serán madres, en que oyen por primera vez que tendrán un hijo(a), es seguro uno  de los momentos más impactantes de su vida; y así lo fue para María”, comenta Campaña, doctora en Historia del Arte y académica de la Escuela de Arte UC. 

Entre las pinturas que este anuncio inspiró, destaca la del Museo del Prado, donde el ángel Gabriel es representado haciendo una venia a la Virgen, cruzando los brazos frente a su pecho, un gesto que María imita. En esta pintura como en otras de la época, dice Campaña,  la Virgen tiene un libro abierto sobre su falda: así, se la identificaba como una mujer superior, letrada, en tiempos en donde no saber leer era la norma.

En este cuadro de Giotto, se mantienen los elementos de los animales y el pesebre.


En las representaciones que se hicieron sobre el nacimiento de Cristo, siempre hay ángeles, a veces hay matronas, hay pastores, en ocasiones María está recostada como en una suerte de diván; el niño Jesús está fajado y en una especie de altar- pesebre indicativo de su pobreza, y el buey y el asno son cuidadores y observadores. La estrella no puede faltar, mientras que la figura de José va creciendo con el tiempo y no siempre hubo reyes magos incluidos en la escena.

La Natividad se refiere a la conmemoración del nacimiento de Jesús, que según la convención se celebra en la noche del 24 de diciembre y madrugada de 25 de diciembre.

Para los artistas de la Edad Media, que solían recibir solicitudes para representar este episodio, era clave leer la Biblia. Sin embargo, no siempre era suficiente la información para imaginarse esta imagen y sus colores, por lo que recurrían a textos apócrifos que relatan en mayor detalle y complementan las historias bíblicas."Hay algunos escritos que parecen guiones de Hollywood, con varias historias simultáneas y muchos detalles. En esa época no había Netflix, ni televisión, y la gente también se tenía que entretener, y lo hacían, entre otros, mediante los relatos bíblicos. Así, la Natividad se convierte en una de las escenas más representadas y vista entre la Edad Media y el Barroco", cuenta Claudia Campaña.

En este cuadro, Giotto -pintor florentino que para algunos pavimentó el camino hacia el Renacimiento-, ofrece su propia versión en la famosa Capilla de los Scrovegni, ubicada en Padua.  Es un fresco donde hay un gesto de muchísimo realismo: la Virgen ahora toma al Niño, los ángeles miran al cielo y José duerme. María en esta época estaba siempre con un manto azul ultramar, que era el pigmento más caro en la Edad Media: hecho de polvo de lapislázuli, se usaba para señalar el color del cielo, cuenta Campaña. 

En el lado derecho y de cabellera blanca, Boticelli se puede apreciar en su propio cuadro, que incorpora la celebración entorno al nacimiento.

La adoración de los Magos

Para el siglo 15, en el Renacimiento, el tema de la Natividad sufre un enorme vuelco. El protagonismo lo adquieren los reyes magos y se cambia el foco del Nacimiento hacia la Adoración. Lo que estaba de moda era la cofradía, la hermandad de los reyes magos.

Los Medici y otras familias pudientes solicitaban a los artistas pintar esta escena de fin de año. En Florencia, en esos años, existía una cofradía donde desfilaban personas personificando a los reyes magos, vestidos con mucho lujo, y se desplazaban por las calles hacia un pesebre a donde llevaban regalos para los más necesitados. La gente, entonces, tenía la posibilidad de ver el espectáculo de la procesión de los reyes, y muchos de los participantes pidieron ser inmortalizados en esta actividad, explicó Campaña en su charla.

En esta pintura de Botticelli, destaca Cosme de Medici, arrodillado. La adoración se simboliza en ese acto de arrodillarse, y allí se ve a esta persona mayor adorando al Niño Jesús, mientras la Virgen lo tiene en sus brazos, muchos hombres vestidos de gala son testigos. La escena está situada en unas ruinas, y de alguna manera esto nos lleva a la idea de que con este nacimiento se viene a reconstruir algo: es el concepto de que este niño traerá una nueva estructura social.

“Interesantemente, en esta pintura vemos un autorretrato de su autor: Botticelli es la figura que mira hacia el espectador ubicada a la derecha de la composición, nos interpela con su mirada, y no lleva sombrero: es decir, él no pertenece a este grupo de hombres acomodados. Hay un elemento importantísimo en las escenas de los reyes magos: el pavo real que simboliza la inmortalidad del alma y aquí, curiosamente, está puesto muy cerca de la cabeza de Botticelli”, dice Claudia Campaña. 

Paul Gaugin realizó una interpretración de este nacimiento, inspirado por la cultura polinésica. 

Te tamari no atua

Con el fin de la Edad Media y los cambios culturales traídos por la Ilustración, hacia el siglo 18 y 19, la Natividad va perdiendo su fuerza como imagen cultural.

Uno de los artistas que recupera esta escena en la época moderna, es Paul Gauguin. Este hombre nacido en Francia, de familia peruana, que vivió en Perú cuando niño y que se instala, posteriormente, en el polinésico Tahiti, decide hacer una obra dedicada a La Natividad en el año 1896.

Allí, inspirado por el entorno selvático y colorido en el que comienza a vivir, su obra vuelve a poner el foco en el nacimiento de Cristo, y no en los reyes magos. Paul Gauguin recupera esas imágenes de la mujer que acaba de dar a luz; esa escena de parto que se retrató en los primeros cuadros de la Natividad en la Edad Media.

En su representación, los elementos de la partera y los animales que rodean al Niño siguen presentes, pero la estética es absolutamente polinésica. La madre tiene un pareo con un diseño típico de esta zona, y se ve detrás de ella a una matrona y un ángel, todos con otra contextura física, piel y cabello más moreno. Los otros colores también son simbólicos: ese amarillo que rodea a la madre es la iluminación traída por Cristo, y esos pilares rojos que rodean al recién nacido son un señalamiento de que ese niño va a sufrir.

Para Calvin Coolidge, el trigésimo presidente de los Estados Unidos, “La navidad no es un momento ni una estación. Es un estado de ánimo”, recuerda Claudia Campaña.

“Eso hicieron estos artistas: crear escenas de paz, pintar encuentros de armonía, de reyes y pastores arrodillándose frente a un niño, que es el futuro, en señal de respeto y buena voluntad. Esa era la idea, representar la unidad y la esperanza a través del recién nacido que va a permitir renovar las estructuras gastadas. Revisitar imágenes de Navidad es, precisamente, contemplar la posibilidad de un mundo mejor y de un llamado a la paz”, señala Campaña.


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