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Monseñor José Tolentino de Mendonça:

“La identidad católica debe ser el corazón que anima todo el cuerpo universitario"


Ante una audiencia que repletó el Salón Fresno, el prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede dictó una conferencia magistral, en la que abordó el rol de las universidades católicas en la sociedad actual. En la ocasión, llamó a “tocar los corazones de las nuevas generaciones" y a poner la tecnología “al servicio de la persona humana”. También destacó el nuevo plan estratégico de la UC y su carácter profundamente comunitario.

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photo_camera Uno de los principales temas que abordó en su exposición es el papel que desempeñan las universidades católicas en el mundo actual, destacando la identidad cristiana como un sello diferenciador. (Crédito fotográfico: Karina Fuenzalida)

La educación “es un acto de resistencia y de esperanza”, la universidad “un lugar para combatir el pesimismo y el nihilismo” y “el progreso tecnológico forma parte del plan de Dios para la creación”. Estas son algunas de las ideas que planteó monseñor José Tolentino de Mendonça, prefecto del Dicasterio para la Cultura y la Educación de la Santa Sede, durante la conferencia que ofreció este lunes en la Pontificia Universidad Católica de Chile.

Considerado una de las figuras más influyentes del pensamiento católico contemporáneo, el cardenal dictó la conferencia “Identidad, excelencia y misión”, frente a una audiencia que repletó el Salón Juan Francisco Fresno, del Centro de Extensión Alameda.

Entre los asistentes se encontraba el cardenal Fernando Chomali, arzobispo de Santiago y Gran Canciller de la UC; el nuncio apostólico en Chile, monseñor Kurian Mathew Vayalunkal; el Pbro. Osvaldo Fernández de Castro, vice Gran Canciller de la UC, y el rector Juan Carlos de la Llera; además de representantes de todos los estamentos de la comunidad universitaria.

Identidad católica como eje central

Uno de los principales temas que abordó en su exposición es el papel que desempeñan las universidades católicas en el mundo actual, destacando la identidad cristiana como un sello diferenciador.

En este punto, recordó las palabras del Papa León, señalando que la identidad católica “no es un adorno”, sino el núcleo que da sentido al proceso educativo. “La identidad católica no puede ser un elemento más, entre otros. Debe ser la opción fundamental. El corazón que anima a todo el cuerpo universitario. Es algo que merece la pena ser celebrado y, más aún, profundizado”, remarcó.

En ese sentido, afirmó que la Constitución Apostólica Ex Corde Ecclesiae continúa siendo una “lámpara que ilumina” el quehacer de las universidades católicas, orientando su misión en el mundo contemporáneo.

Monseñor José Tolentino también valoró el nuevo Plan Estratégico 2026-2030 de la Universidad Católica, resaltando que este pone en el centro al proyecto educativo, lo que —dijo— es motivo de profunda alegría, ya que refleja una comprensión integral de la formación universitaria. Asimismo, destacó el proceso comunitario de elaboración del plan.

“Hace poco tiempo, esta comunidad universitaria aprobó el Plan Estratégico que la guiará durante los próximos cinco años. Esta aprobación culmina un proceso que es admirable tanto por su rigurosidad técnica, como, sobre todo, por su alcance comunitario”, enfatizó.

En esa línea, subrayó que este camino refleja una comunidad que dialoga, escucha y construye en conjunto, destacando especialmente la participación de jóvenes. “Esta es la sinodalidad puesta en práctica. Esa sinodalidad tan querida por el Papa Francisco y ahora reafirmada y profundizada por el Papa León. Felicitaciones, pues, por este hito”, recalcó.

Monseñor José Tolentino también valoró el nuevo Plan Estratégico 2026-2030 de la Universidad Católica. (Crédito fotográfico: Karina Fuenzalida)

Educación integral y servicio

El cardenal profundizó en la idea de que la universidad no solo debe transmitir conocimientos, sino ofrecer una experiencia formativa global, capaz de formar personas íntegras y comprometidas con el bien común.

En ese contexto, subrayó que el servicio no es un elemento secundario del proceso educativo: “La educación no se limita a la transmisión de conocimientos, sino que encuentra su plenitud en el acto de servir. Educar significa, de hecho, introducir a la responsabilidad, a la gratuidad, al cuidado del futuro común. Su tarea principal es formar personas íntegras, auténticas, con sentido crítico, mentes pensantes y corazones creyentes con compromiso social”.

Asimismo, destacó que la UC ha sabido identificar con lucidez las amenazas actuales: “No han cerrado los ojos ante la realidad y la incertidumbre que ella genera. Han elegido, más bien, asumirla como punto de partida para la creatividad institucional”, declaró.

Jóvenes, diálogo y comunidad

Un aspecto especialmente valorado por Monseñor de Mendonça fue el protagonismo de los jóvenes en el proceso universitario. Dijo que escuchar su voz y darles espacio es fundamental para construir una comunidad universitaria auténtica, donde las decisiones se tomen de manera compartida.

En este sentido, insistió en la importancia del diálogo como dimensión constitutiva de la vida universitaria: “Es muy importante el diálogo. Necesitamos escuchar. Hay que practicar la gramática del diálogo. Las preguntas no se silencian”, afirmó, destacando que la universidad debe ser un espacio donde el pensamiento crítico y la búsqueda de la verdad se desarrollen en comunidad.

“La Pontificia Universidad debe ser capaz de hablar, de tocar los corazones de las nuevas generaciones”, sostuvo, agregando que “una universidad es un lugar para combatir el pesimismo y el nihilismo y construir ideas y paradigmas de esperanza en el futuro de la humanidad”.

“No temerle a la tecnología”

En su reflexión, el cardenal también se refirió al binomio entre tradición e innovación, señalando que ambas dimensiones son indispensables para el desarrollo universitario. Explicó que la tradición ofrece una base sólida e identidad, mientras que la innovación permite conectar con las nuevas generaciones y responder a los desafíos del presente.

En relación con las nuevas tecnologías, enfatizó que estas forman parte de la vida actual y no deben ser rechazadas, sino comprendidas y orientadas al servicio de la persona. “Nuestras universidades no deben temer a la tecnología; debemos comprenderla, aprovecharla y sobre todo humanizarla, ponerla al servicio de la persona humana (…) La Inteligencia Artificial podrá escribir respuestas y ofrecer soluciones, pero solo nosotros podemos y debemos darles sentido”, reflexionó.

“Por eso, tenemos que tener claro el objetivo y, ciertamente, nuestra actitud hacia la tecnología nunca puede ser hostil o de rechazo, porque ‘el progreso tecnológico forma parte del plan de Dios para la creación’”, resaltó.

En relación con las nuevas tecnologías, enfatizó que estas forman parte de la vida actual y no deben ser rechazadas, sino comprendidas y orientadas al servicio de la persona. (Crédito fotográfico: Karina Fuenzalida)

Educación, equidad y compromiso social

En la parte final de su intervención, el cardenal hizo un llamado a poner a la persona en el centro de la vida universitaria.

Invitó a “abrir el corazón” y a recordar que todos tienen un derecho inalienable a la educación, destacando la responsabilidad de incluir especialmente a los más pobres. Subrayó que la educación de los pobres no es un favor, sino un deber, y que perderlos significa perder la esencia misma de la escuela.

En este sentido, destacó el rol histórico de la educación católica como motor de transformación social, llamando a seguir construyendo instituciones que promuevan la equidad y el bien común.

“El camino que ustedes han trazado adquiere una relevancia particular en el momento que vive el país. Sin pretender conocer en profundidad todas las complejidades de la realidad chilena, quizá no sea aventurado sugerir que las universidades católicas pueden y, en realidad, deben desempeñar un papel incisivo como espacios de encuentro, diálogo y búsqueda compartida del bien común, en medio de legítimas diferencias”, comentó.

Reconocimiento y cierre

Durante la jornada, el Gran Canciller de la UC y Arzobispo de Santiago, monseñor Fernando Chomali, y el rector Juan Carlos de la Llera, hicieron entrega de la Medalla de Plata Centenario UC a Monseñor José Tolentino de Mendonça.

En su mensaje final, el cardenal valoró el camino trazado por la universidad, expresando que es especialmente significativo para la realidad del país y una señal de esperanza.

Asimismo, destacó que la UC no tiene miedo de mirar de frente la incertidumbre, sino que la asume como fuente de creatividad institucional. Finalmente, dijo: “enhorabuena a todos que el Sagrado Corazón de Jesús siga forjando su identidad, conduciéndola por la vía de la excelencia y sosteniéndola en su misión”.

Concluyó su intervención con una cita de Gabriela Mistral: “Dame, Señor, la perseverancia de las olas del mar, que hacen de cada retroceso un punto de partida para un nuevo avance”.


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