Programa de liderazgo “Voces andinas” forma 28 jóvenes aymara, quechua y lickanantay
El Centro de Políticas Públicas y la Escuela de Antropología, en colaboración con BHP, reunieron en San Pedro de Atacama a la primera generación del programa de liderazgo indígena Voces Andinas: cuatro días de formación que buscaron fortalecer un liderazgo situado, con enfoque de derechos, pertinencia cultural y compromiso con sus territorios y comunidades.
photo_camera El curso tiene por objetivo fortalecer las capacidades de liderazgo de jóvenes de pueblos originarios del norte de Chile, promoviendo el ejercicio de un liderazgo situado, con enfoque de derechos, pertinencia cultural, y compromiso con sus territorios y comunidades. (Crédito fotográfico: equipo Voces Andinas)
Un grupo de 28 jóvenes de comunidades aymara, quechua y lickanantay, provenientes desde Arica hasta Santiago, se reunió por primera vez como parte de Voces Andinas. La primera generación del programa vivió 32 horas de formación en modalidad residencial, en San Pedro de Atacama en la Región de Antofagasta, combinando clases con académicos de la UC, un recorrido guiado por el Pucará de Quitor junto a la comunidad atacameña del lugar, encuentros con líderes indígenas invitados y un proceso de mentoría orientado a que cada participante desarrollara su propio proyecto de liderazgo, presentado y evaluado al cierre del programa.
El curso tiene por objetivo fortalecer las capacidades de liderazgo de jóvenes de pueblos originarios del norte de Chile, promoviendo el ejercicio de un liderazgo situado, con enfoque de derechos, pertinencia cultural, y compromiso con sus territorios y comunidades. Esto se tradujo en cuatro objetivos específicos: (1) reconocer la identidad cultural propia como fundamento del liderazgo; (2) desarrollar habilidades de comunicación estratégica y asertiva para la representación y defensa de los intereses de sus pueblos; (3) comprender la gobernanza indígena y el marco normativo vigente —incluyendo la Ley Indígena, el Convenio 169 de la OIT y el marco de derechos de los pueblos indígenas—; y (4) diseñar un proyecto de liderazgo personal coherente con su identidad cultural.
“Pudimos conectar con distintas comunidades a lo largo de lo que es el norte de Chile y conocer gente que son de las comunidades de Arica y Parinacota, de la región de Tarapacá. Estas instancias nos permiten conectar y descubrir que tenemos bastantes cosas en común”, cuenta Ángela Agüero, de la comunidad de Peine, del pueblo lickanantay. “Nos ayudaron a desarrollar aptitudes, habilidades para nosotros poder mejorar nuestro liderazgo, mejorar nuestra comunicación, que son requisitos importantes ahora en nuestra comunidad a futuro”, agrega.
Los alumnos que participaron del programa recibirán un certificado de aprobación digital otorgado por la Pontificia Universidad Católica de Chile; además, se les entregará su respectiva insignia digital de Educación Continua UC.
Un mismo territorio, tres pueblos
La caracterización de los becados y becadas muestra un grupo predominantemente joven —23,4 años en promedio, con un rango de entre 18 y 28— y compuesto en un 57% por mujeres. El 54% pertenece al pueblo aymara, el 32% al lickanantay y el 14% al quechua, y provienen mayoritariamente de las regiones de Tarapacá y Antofagasta, aunque algunos sostienen su vínculo comunitario a distancia mientras estudian o trabajan en Santiago o Valparaíso.
Dos de cada tres becados son actualmente estudiantes de educación superior, en carreras que van desde ingeniería civil en minas y geología hasta periodismo, trabajo social y educación parvularia intercultural.
Para Francisca Barrera, de la comunidad de Peine, ese cruce de trayectorias fue justamente lo más significativo de la experiencia. “Pudimos compartir muchas ideas y distintas opiniones que tenemos de nuestras comunidades y, en realidad, nos dimos cuenta de lo parecidas que son las comunidades, en lo que hacen, en los problemas que tienen también, y eso deja algo súper bonito. Me marcó mucho, porque así pudimos compartir todos, y de hecho el compañerismo nunca faltó en este programa”.
Esa cercanía entre pueblos distintos también fue el punto de partida para Josefina Guacte, del pueblo quechua, de Iquique: “Ha sido muy bacán, muy enriquecedor el poder conocer a juventudes indígenas andinas de todos los territorios de la primera, de la segunda región”. En la misma línea, Joaquín Ilaja de la comunidad aymara de Chusmiza y Uzmagama, comenta que el programa “ha sido súper motivador porque en el fondo nos entregan a los jóvenes andinos y también de otras etnias herramientas para que nosotros podamos ser un aporte a nuestra comunidad”.
Arelian Barboza, del pueblo lickanantay y estudiante de periodismo, coincide: “Me sorprendió mucho que hubiera muchos participantes de la Primera Región. El programa se trató sobre liderazgo en jóvenes indígenas y la verdad, es que me llevo muchas herramientas que me sirven demasiado para las cosas que yo aplico (...) se me abrieron muchas ideas para poder visibilizar más a mi comunidad y las problemáticas que puedan existir respecto a esto”.
Cuatro días para pensar el liderazgo
El programa se organizó como un recorrido formativo. El primer día, dedicado al módulo de movimiento indígena a cargo de Fernando Pairican, profesor de la Escuela de Antropología, quien repasó procesos como la rebelión aymara y quechua durante la Independencia (1780-1825), la división del pueblo aymara bajo las repúblicas latinoamericanas y su chilenización compulsiva bajo el republicanismo chileno (1910-1990).
El segundo día combinó una visita guiada al Pucará de Quitor —de la mano de la arqueóloga e investigadora del investigadora del Centro de Estudios Interculturales e Indígenas (CIIR) Gloria Cabello y de la comunidad atacameña del lugar— con los módulos de identidad, cultura y patrimonio, e identidad y liderazgo indígena en el mundo global contemporáneo, a cargo de la abogada y académica UC Antonia Rivas.
El tercer día profundizó en legislación indígena —marco normativo nacional e internacional, consulta, participación y gobernanza indígena, también con Antonia Rivas— y en comunicación estratégica, con dos bloques del módulo de voz y gesto guiados por Maureen Boys, actriz, docente y secretaria académica de la Facultad de Artes.
El cuarto y último día estuvo dedicado a los mentores: cada uno compartió en no más de ocho minutos su trayectoria profesional y una clave de liderazgo, antes de un trabajo grupal donde los y las jóvenes prepararon la presentación oral de su proyecto personal, evaluada con un 20% de la nota final.
El programa culminó con un círculo de cierre y una ceremonia de participación, pensados como un espacio de diálogo sobre la experiencia vivida y una actividad grupal para proyectar la co-construcción de una Red de Liderazgo Indígena entre los propios participantes.
Detrás de la logística y el acompañamiento diario del programa estuvo el equipo de implementación: Jaime Coquelet, jefe de programa y académico de la Escuela de Antropología, junto a Valentina Rosas, María José Lincovil y Marcela Cuevas, quienes se encargaron de la producción, coordinación con académicos y experiencia de los participantes.
Reencontrarse con la lengua y el territorio
Uno de los datos más elocuentes de la caracterización del grupo es lingüístico: ningún participante declara comunicarse con fluidez en la lengua de su pueblo, y 12 de los 28 afirman no hablarla ni comprenderla.
“Si bien nosotros conocemos parte de nuestra cultura, hay muchas cosas que no sabemos, y también es muy importante el rescate de las tradiciones y saber un poco de la historia de nuestros ancestros”, dice Aymarita Chambe, de la comunidad de Villa Blanca, del pueblo aymara.
En la misma línea, Nickolas Villalobos, descendiente de la comunidad aymara y miembro de la Asociación Quipisca, describe un proceso de reconexión que atraviesa a buena parte del grupo: “Al ser de Iquique, de la ciudad, y no estar tan vinculado estrecha o frecuentemente con la Asociación de Quipisca (...) fui perdiendo el vínculo. Yo creo que eso es importante para los jóvenes: que puedan reentablar esos vínculos y también aprender sobre sus raíces”. Giuliano Ferrel, de la comunidad indígena atacameña del Valle de la Luna, lo resume en pocas palabras: el curso le sirve para “reconectar con mis raíces”.
Formar para liderar, no solo para saber
El recorrido formativo de Voces Andinas combinó seis módulos —movimiento indígena, legislación indígena, identidad, cultura y patrimonio, voz y gesto como estrategia de comunicación, e identidad y liderazgo indígena en el mundo contemporáneo, además de un proceso de mentoría— con un proyecto personal de liderazgo que cada participante debió desarrollar durante el programa.
El historiador mapuche y académico UC Fernando Pairican fue uno de los docentes del curso y describe la experiencia como un desafío propio: “Poder conocerlos, conocerlas, y poder entregar un desafío también para mí como profesor mapuche (...) hablar de su historia, de sus comunidades, de la historia social o política también del mundo andino, del pasado y hasta el tiempo presente, y escuchar sus preguntas, sus dudas”.
Sobre la importancia de formar liderazgos jóvenes en el mundo indígena, agrega: “Esto es algo muy serio, de formar a los jóvenes en esta etapa de apertura que ellos tienen (...) los mismos jóvenes tienen más dudas que certezas, y eso va a contrapelo de la juventud no indígena, que encuentra que tiene más certezas. Eso me parece que habla de una profundidad espiritual también, y de una cultura que es la fortaleza del mundo indígena”.
La arqueóloga Gloria Cabello estuvo a cargo del módulo de identidad, patrimonio y territorio. “Es importante que los jóvenes conozcan las distintas alternativas que existen para enfrentar el patrimonio arqueológico, porque muchas veces se tiende a caer en los esencialismos, y eso puede ser una trampa”, explica. “El patrimonio es un proceso que cambia, que es significativo para las distintas personas según el valor que cada uno le puede dar. Y eso, a la larga, si ellos lo administran de buena manera, pueden sacarle más provecho también para sus propias comunidades”.
Mentores que también aprenden
El programa incorporó además un proceso de mentoría a cargo de líderes indígenas y representantes de BHP, empresa colaboradora de la iniciativa.
Dante Choque, investigador aymara de Arica, fue uno de los mentores: “Me pude contactar con jóvenes que tienen mucho ímpetu por contribuir a sus comunidades, y de cierta forma, desarrollar proyectos en espacios bastante innovadores, con el fin de involucrar gente y afectar a sus comunidades en diferentes aspectos: en el tema ambiental, en el tema social, en el tema comercial”. Sobre la relevancia de estos espacios, es categórico: “Hoy día hay pocos programas que están contribuyendo a la capacitación de futuros líderes”.
Eva Siares, profesora, investigadora y escritora lickanantay, también participó como mentora y describe la experiencia como un aprendizaje mutuo: “Tuve la experiencia de ser mentora de este grupo de formación de líderes (...) fue algo positivo; aprendí también de otros mentores y de los chicos, con esa capacidad de llegar a entender y apreciar el valor que es un líder en una comunidad, para un desarrollo de nuestro pueblo, de nuestra comuna y del país también. Mientras más líderes tengamos, va a ser mejor nuestra vida, nuestro desarrollo".
Sobre los proyectos que vio nacer en el grupo, agrega: “Excelente, y que continúen otros proyectos similares a estos, u otros dedicados quizás al turismo, a mejorar las situaciones económicas de las familias o emprendedores”.
Por parte de BHP, Diego Espinoza, encargado de alianzas estratégicas, destaca lo que la mentoría le dejó a él mismo: “Me permitió conectar con el desarrollo del talento humano, donde no importa mucho el lugar de donde proviene, sino lo que tiene, cómo piensa, cómo mira el mundo y cómo quiere contribuir a través de su identidad. Fue muy bonito, siento que aprendí más yo que lo que quería venir a enseñar”.
Su colega Solange Pérez, jefa de transformación de Escondida, coincide: “Me llenó el alma, el corazón, las esperanzas, el ver a estos jóvenes con ganas de transformar su territorio, de conectar nuevamente y de construir ese mundo mejor en conjunto y en colaboración con los pueblos, con las empresas, en su propio territorio”.
“Que se crean el cuento”
El último día, tras la presentación oral de los proyectos de liderazgo —iniciativas orientadas, según describen quienes acompañaron el proceso, a temas ambientales, sociales, culturales y económicos de sus propias comunidades—, el grupo cerró el programa con un círculo de diálogo y una ceremonia en que se entregaron los diplomas de participación.
“Que se crean el cuento, el talento lo tienen de sobra. Si son capaces de colaborar como lo hicieron hoy día, de verdad van a transformar sus comunidades", fue la arenga final de Solange Pérez para el grupo.
Ángela Agüero y Francisca Barrera, ambas de la comunidad de Peine, resumen el espíritu con que cierran esta primera versión del programa: “Los invitamos a que participen en las próximas versiones de Voces Andinas”.