Reconstruir con sentido: voluntariado UC acompaña a familias en Biobío
Los trabajos de emergencia combinaron construcción, escucha activa y acompañamiento, marcando profundamente a voluntarios y beneficiarios. Más allá de levantar viviendas, la experiencia en terreno significó un proceso de encuentro, aprendizaje y servicio, que dejó huella tanto en quienes participaron como en quienes recibieron la ayuda.
photo_camera Un grupo de 135 estudiantes de la UC viajaron hasta Penco, en la Región del Biobío, para participar en los trabajos de emergencia, construyendo 12 viviendas. (Fotografía gentileza de Pastoral UC)
Con el objetivo de aportar a la reconstrucción tras los incendios forestales del verano de 2026, 135 estudiantes de la Pontificia Universidad Católica de Chile viajaron hasta la comuna de Penco, en la Región del Biobío, para participar en trabajos de emergencia en la localidad de Lirquén.
La iniciativa, organizada en conjunto por la FEUC, Pastoral UC y TECHO, contempló la construcción de 12 viviendas de emergencia para familias afectadas, respondiendo a una necesidad urgente en una zona altamente impactada por la catástrofe.
Estas viviendas, de 27 metros cuadrados, fueron diseñadas con una estructura que considera pilotes, paneles de piso y muros, además de elementos como ventanas, puertas y techumbre, incorporando materiales que permiten mejorar la protección frente a filtraciones y condiciones climáticas adversas.
Los voluntarios -provenientes de distintas carreras como Ingeniería, Ingeniería Comercial, Psicología, Arquitectura, Enfermería y Trabajo Social-, fueron previamente capacitados en la UC y se alojaron en el Gimnasio Municipal de Penco durante el desarrollo de los trabajos.
Gratitud del corazón
Además de la construcción, representantes de Pastoral UC estuvieron presentes en terreno, entregando orientación y acompañamiento, tanto a los estudiantes como a las familias damnificadas.
El Pbro. Jorge Merino, Capellán Mayor UC, valoró la experiencia vivida en terreno: “En estos momentos en que estamos acompañando el voluntariado de nuestra universidad, brota del corazón la gratitud a cada uno de ustedes por haber hecho posible que nuestra institución esté presente aquí, compartiendo con tantas hermanas y hermanos que sufrieron tanto con los incendios”.
Desde la dirigencia estudiantil, la presidenta de la FEUC, Martina Matus, destacó el impacto de la iniciativa: “Son más de 135 estudiantes que vinimos a la Región del Biobío para poder acompañar también a las familias. Creemos que falta mucho por hacer, pero sin duda que también esta experiencia es algo que nos fortalece”.
Para los estudiantes, la experiencia ha sido también un espacio de aprendizaje y crecimiento personal. Así lo expresó Antonia Navarro, estudiante de Letras: “No voy a mentir, ha sido súper difícil porque la situación acá es bastante dolorosa, pero ha sido una experiencia muy enriquecedora y un desafío tremendo también”.
En la misma línea, Sebastián Arnao, estudiante de Educación Física, valoró el sentido del servicio: “Me ha gustado ver cómo construir para darle las viviendas a los beneficiarios. Viene de parte de mi corazón poder entregarle una vivienda a cada familia”.
Más que apoyo material
Para quienes recibieron el apoyo, la presencia de los voluntarios ha significado mucho más que ayuda material. Pamela Beltrán, vecina afectada por los incendios, describió la experiencia como profundamente significativa: “Maravillosa, maravillosa. Es una experiencia maravillosa que te llena de energía, que te hace ver lo bueno de la vida, a pesar de todas estas ruinas”.
La vecina relató también su historia en el lugar, donde vivió durante décadas: “Yo vivía acá en el block 46. Viví ahí 27 años. Aquí se crió mi hijo, aquí viví lo más maravilloso de mi vida”.
Tras la tragedia, su realidad cambió drásticamente, debiendo dejar su hogar: “Hoy mis hijos me arrendaron una casa y estoy ahí”, comentó, reflejando la situación de muchas familias que aún buscan estabilidad. Uno de los momentos que más la marcó fue ver el trabajo colectivo de los estudiantes: “Estos jóvenes son amor, estos jóvenes son alegría. Vienen a ayudarnos a nosotros que no tenemos nada y a darnos un abrazo”. Pamela concluyó con esperanza: “Sí vale la pena esta vida, vale la pena agradecer día a día y vale la pena vivir”.