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Salud mental: la clave para enfrentar la pandemia


Desarrollar una estrategia de salud mental, implementando herramientas de apoyo muy concretas como guías, una línea telefónica de atención y una app, son las propuestas del grupo de expertos liderado por la UC, en el marco de la Mesa Social Covid-19.

photo_camera Ansiedad, estrés, inseguridad, angustia y miedo, son algunos de los efectos más comunes que estamos viviendo producto de la pandemia. (Banco de imágenes Pxhere.com)

“¡No puedo parar de comer!”, “¡Necesito salir!”, "¡No aguanto más!”

Probablemente hemos dicho o escuchado más de una vez estas frases durante este tiempo de cuarentena. Ansiedad, estrés, inseguridad, angustia y miedo, son algunos de los efectos más comunes que estamos viviendo producto de las restricciones de movimiento y el distanciamiento físico impuestos por la pandemia.

A esto se suman los cambios de rutina, el estar todo el día con la familia o lejos de ella, compatibilizar el teletrabajo con las tareas domésticas, las dificultades de abastecimiento, la inestabilidad económica y un sinfín de situaciones asociadas.

“Las personas sienten que tienen poco control de lo que está pasando, perdimos nuestras rutinas acostumbradas y estamos mucho más demandados”, explica la académica de la Escuela de Psicología e investigadora de CIGIDEN, Paula Repetto. “Una de las cosas más complejas es la incertidumbre. No tener cierto horizonte temporal -por ejemplo, no saber hasta cuándo va a durar esta situación- genera angustia”, agrega.

Si bien esto nos afecta a todas las personas, la situación producida por la pandemia puede tener un efecto aún mayor en grupos más vulnerables. Uno de ellos son los adultos mayores. “No contar con sus rutinas comunes hace que pierdan los elementos que le dan predictibilidad, lo que provoca cierta desconexión y puede afectarlos en su salud física y emocional. Y al no utilizar las tecnologías, por ejemplo para comunicarse, quedan aislados”, explica la investigadora.

Otro grupo son los niños y niñas. Como el virus no los ataca especialmente, suelen quedar desatendidos. “Son los más olvidados, se aplican medidas sin pensar en su bienestar o en sus necesidades. Están más expuestos a situaciones de maltrato -en Chile la tasa es de un 30%, una de las más altas del mundo-. Al perder sus rutinas, pierden también sus momentos de esparcimiento, que son muy importantes para su desarrollo. A esto se suma el hecho que la parentalidad también se hace más difícil (los padres están más demandados y con altos niveles de estrés)”, explica María Pía Santelices, académica de la Escuela de Psicología, directora de CUIDA e investigadora de MIDAP. (Descarga la "Guía para apoyar a niños y niñas frente a la situación actual por Coronavirus")

Para las personas que viven solas, esta situación de aislamiento también se hace más difícil. Al igual que quienes padecen alguna discapacidad. Otro grupo de riesgo son quienes sufren un trastorno de base, como un cuadro ansioso o una depresión.

“Las personas somos seres relacionales, somos con otros, por lo que mantener las redes y los vínculos sociales son esenciales para seguir funcionando”, asevera Paula Repetto.

A todo lo anterior se suma el estallido social del pasado 18 de octubre en el país, que ya había generado sentimientos como ansiedad, temor y angustia en la población. “La pandemia llegó a Chile en un momento en que estaban pasando muchas cosas. Fue un remezón con un alto impacto emocional”, explica Mariane Krause, académica de la Escuela de Psicología e investigadora de MIDAP. Esto hace que, además de aumentar el cansancio, la ansiedad y la rabia, entre otras emociones, se hace más complejo implementar medidas y que estas sean acatadas por la población.

“Las personas somos seres relacionales, somos con otros, por lo que mantener las redes y los vínculos sociales son esenciales para seguir funcionando”. Paula Repetto - académica Psicología UC e investigadora CIGIDEN.

La salud mental como estrategia nacional

Ante este panorama complejo, un subgrupo de Interdisciplina, de la “Mesa Social Covid-19 UC”, abordó la salud mental y el bienestar psicosocial como tema prioritario. Liderado por la académica de la Universidad Católica María Pía Santelices, está conformado por académicos de la UC, Universidad de Chile, Universidad de la Frontera y Universidad de Tarapacá.

“Lo primero que hay que entender es que la salud mental es una prioridad. No se pueden implementar medidas sin primero tener claro cómo vamos a reaccionar los seres humanos”, afirma María Pía Santelices y agrega: “Lo más importante es entregarles herramientas a las personas para que puedan enfrentar su vida cotidiana. Que sientan que no están solas”. Esto además contribuye a manejar mejor lo que todos estamos viviendo.

Es por esto que el equipo propone desarrollar estrategias de prevención y atención en  salud mental. Lo primero, es implementar acciones para proteger la salud mental de las personas y definir estrategias para los distintos grupos, de modo que puedan acceder de manera oportuna. Asimismo, asegurar la continuidad en el cuidado de pacientes en tratamiento. Y diseñar e incorporar en las medidas de salud pública, aspectos relacionados con las condiciones psicológicas, sociales y contextuales que influyen en la adopción o no de las medidas propuestas; así como abordar barreras, creencias y actitudes de la población ante la pandemia.

“Lo primero que hay que entender es que la salud mental es una prioridad. No se pueden implementar medidas sin primero tener claro cómo vamos a reaccionar los seres humanos”, María Pía Santelices, académica Psicología UC, directora CUIDA e investigadora MIDAP.


“¿Aló? Necesito ayuda”

Una primera propuesta desde la UC es la implementación de una hot line o línea telefónica atendida por personas entrenadas. Se trata que las personas puedan tener un contacto personal y recibir apoyo. Así como también que se una fuente para resolver dudas de manera sencilla, como por ejemplo, cómo se contagia el virus o por qué debemos distanciarnos físicamente.

A la atención telefónica se suma una app o aplicación, que contenga material y herramientas concretas para enfrentar situaciones específicas. Por ejemplo, guías para padres, material psicoeducativo, entre otros, en distintos formatos: podcast, video, texto, etc.

Como explica Paula Repetto, se trata que a través de ambas herramientas se pueda entregar información clara, lo que permite bajar la ansiedad. Y por otro lado, enseñar estrategias simples que permitan lidiar con lo cotidiano, como por ejemplo técnicas de respiración y mindfulness. Necesitamos llegar a un gran número de personas y facilitarles este acceso.

Esta experiencia ya ha sido implementada con éxito en varios países, entre ellos España y Guatemala. La propuesta es desarrollarla primero como un plan piloto desde la UC, en Santiago y Temuco, para luego ojalá ser implementada como una política pública y de forma más masiva.

Mayor protección a grupos específicos

Un grupo de preocupación son los adultos mayores y sus cuidadores, quienes requieren de apoyo psicológico, como también mantener sus vínculos sociales e información adecuada. (Banco de imágenes PxHere.com)
Un grupo de preocupación son los adultos mayores y sus cuidadores, quienes requieren de apoyo psicológico, como también mantener sus vínculos sociales e información adecuada. (Banco de imágenes PxHere.com)

Otra línea es enfocarse en ciertos grupos de la población que tienen necesidades específicas. Uno de ellos son los equipos de salud que trabajan en la primera línea atendiendo a los pacientes con Covid-19. Las largas jornadas de trabajo, el mayor riesgo de contagio, la presión y el ver de cerca el sufrimiento de pacientes, familiares y colegas, los ponen en una situación de alto riesgo de sufrir una patología psiquiátrica. Lo mismo sucede con los pacientes y los recuperados, y sus entornos cercanos, y las familias de los fallecidos.

Es por esto que una propuesta concreta son guías para el acompañamiento del duelo. “El personal de salud está desbordado. Se le deben entregar herramientas concretas para enfrentarlo de la mejor manera. También entregar guías para las familias. Los niños suelen estar muy desinformados, se les debe dar un espacio para participar del duelo también”, explica María Pía Santelices.

Otro grupo son los adultos mayores y sus cuidadores, tanto en las familias como en establecimientos de larga estadía, donde los contagios han sido altos. Se requiere entregar apoyo psicológico, tanto a los residentes como al personal; como también promover que los adultos mayores mantengan los vínculos sociales y reciban la información adecuada.

Por otra parte están los grupos que presentaban problemas de salud mental de base. Lo primordial es mantener los tratamientos de pacientes, tanto farmacológico como psicoterapéutico. Así como también se deben reforzar especialmente las medidas preventivas de contagio en esta población.

¿Vuelta a la normalidad?

Se vislumbra poco probable que podamos volver a nuestra vida “normal”, o aquella que teníamos antes de la pandemia. Al menos no en el corto plazo. Más bien se trata de adaptarnos a los cambios y a una situación que tiene más incertidumbres que certezas.

“Hay investigación por hacer”, afirma Mariane Krause. “Por ejemplo, ¿cuál es el mínimo de contacto directo con el que se puede vivir bien, de una manera saludable? ¿Cuánto nos vamos a transformar después de esto?”.

Lo cierto es que hay ciertas medidas que se pueden adoptar para mantenernos saludables mentalmente en este tiempo. Lo básico, coinciden las expertas, es una entrega de información clara y directa. Por ejemplo, conocer cuál es el modelo de salud pública que se está tomando, cuál es la lógica de las medidas aplicadas, cuáles son los resultados y cómo cada uno puede contribuir a evitar nuevos contagios.

Como explica Krause, en los países que han tenido buen manejo de la pandemia, como por ejemplo Alemania o Suiza, una de las claves ha sido que las personas manejan mucha información. Esto permite a su vez que la población adopte mejor las medidas del cuidado personal y con otros.

De hecho, el éxito de las medidas tiene que ver con la confianza. “Las personas necesitan entender por qué deben hacer algo determinado, verle el sentido a esa acción y un beneficio, ya sea personal o social”, afirma María Pía Santelices.

“Hay investigación por hacer. Por ejemplo, ¿cuál es el mínimo de contacto directo con el que se puede vivir bien, de una manera saludable? ¿Cuánto nos vamos a transformar después de esto?” - Mariane Krause, académica Psicología UC e investigadora MIDAP.

Otros aspectos tienen que ver con recuperar la sensación de control de la vida cotidiana, tener ciertas rutinas organizadas. Aunque “algunas rutinas anteriores no nos sirven, y debemos adoptar otras nuevas que permitan organizar la vida cotidiana, tienen que tener un sentido”, especifica Paula Repetto. También ayuda sentir que las acciones que realizamos sirven, son eficaces, tienen un resultado. Otro tip es eliminar la sobrecarga, despejar todo lo innecesario en este momento.

Finalmente, se debe entender que este es un desafío colectivo. Y por tanto, la respuesta también lo es. Aunque estemos confinados en nuestros hogares, no estamos solos. Nos necesitamos unos a otros para enfrentar con éxito la pandemia. Como dice el “hashtag” o palabra clave de moda en las redes sociales: “#deestasalimosjuntos”.


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