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Visión Informa

Bárbara Loeb, Premio Carlos Casanueva: "Enseñar es una pasión"


Quien fuera la primera mujer en obtener un magíster en Química en nuestro plantel, lleva 44 años dictando clases en la institución, y durante dos períodos ocupó el cargo de decana de la Facultad de Química y de Farmacia. Ahora proyecta su futuro ligado a la institución, pero esta vez como alumna.

photo_camera Bárbara Loeb asevera que no le fue difícil conciliar su carrera académica con la vida familiar, por el generoso apoyo familiar que tuvo, principalmente de su marido. La ex decana de la Facultad de Química es madre de tres hijos, dos hombres y una mujer, Maureen Boys, quien es profesora de la Escuela de Teatro.

“Casi me dio un infarto”. Así relata Bárbara Loeb el momento en que escuchó por teléfono al rector Ignacio Sánchez, anunciarle que había sido elegida para recibir el Premio Carlos Casanueva. Esta es la máxima distinción que puede obtener un académico, en reconocimiento a la impronta entregada a la comunidad universitaria, durante su trayectoria.

“No soy una persona que se emocione fácilmente, pero escuchar esa noticia fue muy impactante”, asegura la profesora, investigadora, y exdecana de la Facultad de Química y de Farmacia entre los años 2012 y 2018. Considera Bárbara Loeb que en su gestión como máxima autoridad de esta unidad, su mayor aporte fue el crecimiento de la infraestructura, y lograr que la facultad se proyectara hacia el medio externo. “Esto incluyó trabajar en proyectos conjuntos con otras facultades, y planificar ideas, como el doctorado en ciencias”, dice Loeb. 

Asegura que el Premio Carlos Casanueva llega en un momento especial de su vida, porque ya había comenzado a planificar su futuro retiro de la vida académica, y recibirlo implica una forma de trascendencia. “Con este premio siento que, de algún modo, uno queda en la institución”.

Crear y transmitir conocimiento ha sido un gran motor en su vida, y un interés en el que su padre tuvo una fuerte influencia. 

"Con este premio (el Carlos Casanueva) siento que, de algún modo, uno queda en la institución" - Bárbara Loeb, profesora de la Facultad de Química y de Farmacia.

Orígenes

Sus padres llegaron de Alemania, en el año 39 su padre, y en el 48 su madre, tres años después del término de la guerra. “Mi papá fue muy estudioso, era autodidacta; y me transmitió el amor por el conocimiento, además de disciplina y rigurosidad”. Pero más importante que eso, asegura Loeb, es que siendo una familia de pocos recursos, sus padres le brindaron a ella y a su hermana una infancia tremendamente feliz, y les enseñaron a disfrutar lo que tenían, centrándose en eso y no en lo que les faltaba. “Por ejemplo, mi mamá nos traía los sábados 100 gramos de chocolate y lo hacíamos durar toda la semana. Éramos felices con eso. Ver lo positivo y saber disfrutar de lo poco, fue un aprendizaje para toda la vida”.

"Mi papá fue muy estudioso, era autodidacta; y me transmitió el amor por el conocimiento, además de disciplina y rigurosidad"- Bárbara Loeb, profesora de la Facultad de Química y de Farmacia.

Bárbara Loeb nunca dudó que debía estudiar en la universidad. Y aunque durante muchos años le interesaron las letras, llegado el momento de elegir una carrera, optó por las ciencias. En la UC quedó en lista de espera y por eso se matriculó en la Universidad de Chile, pero cuando cursaba tercer año, un paro que se extendía ya por varios meses, la llevó a cambiarse de plantel.

En la Universidad Católica se graduó como licenciada y también como magíster, convirtiéndose en la primera mujer en recibir este grado en la antigua Facultad de Química (hoy Facultad de Química y de Farmacia). Cuando recibió su diploma de magíster, ya estaba casada y su hijo mayor tenía 8 meses. Luego continuó su formación con un doctorado, que obtuvo en la Universidad de Chile.


Cambio constante y clases por zoom

Fue en el año 76 cuando comenzó a dictar clases. Hoy asegura que enseñar es una pasión que la ha acompañado durante toda su carrera, y que formar a seres humanos tiene muchas facetas. Una, dice, es la renovación constante, porque nunca se termina de aprender. Otra es el desafío que implica tratar de comprender a una nueva generación y después a la siguiente. “Eso mantiene joven el espíritu, porque obliga a ir cambiando. Si hoy hiciera mis clases como las hacía antes, muy estructuradas, escribiendo todo en la pizarra, con un rol  pasivo del alumno, que se dedicaba solo a escuchar, ¡me sacarían en andas!  Ahora es diferente. Uno desafía, hace pensar, tiene otras técnicas”.  

Capítulo aparte, dice, son las clases por zoom. Prescindir de la pizarra después de 40 años de usarla como importante aliada, ha sido complejo. Pero también aquí ha tenido un aprendizaje. “Voy cambiando semana a semana porque voy descubriendo cómo hacer mejor las clases. ¡Ha sido entretenido!” 

Su cariño por la universidad se extiende a varios ámbitos. Su madre fue dirigente del Club Deportivo UC, y hasta hoy Bárbara Loeb es hincha del equipo cruzado y asiste a los partidos cuando puede. “A la UC la siento muy en el corazón, la quiero realmente con profundidad. Es parte importante de mi vida, por sus valores, por sus principios, por lo que uno busca, porque uno quiere servir al país”.

Para la etapa que vendrá, cuando deje de dictar clases, tiene varios proyectos. Dedicarse a los nietos es uno. Otro es retomar la literatura, y por eso está inscrita en un taller literario que imparte la Facultad de Letras. También tiene planificado seguir tomando cursos en el Centro de Extensión, donde ya ha estudiado Historia y Teología. “Quiero darle una oportunidad de desarrollo a la parte humanista que quedó frenada”. 

De su relación con la química, dice : “La he vivido intensamente. Fui bastante innovadora. Empecé a investigar y trabajar en celdas solares cuando nadie hablaba de ese tema”.  

La pandemia, una reflexión

Como científica reflexiona sobre la pandemia en curso. “Siento una tremenda humildad. La ciencia avanzaba y creíamos que todo lo podíamos lograr, y que el hombre era el dueño del mundo. Ahora nos damos cuenta de que estamos limitados de una forma que nunca imaginamos. Estuvimos demasiado tiempo volcados hacia afuera, y el desarrollo del mundo interior se nos fue quedando. Ojalá esto se transforme en un aprendizaje para construir sociedades más solidarias, para fijarnos en el otro, y avanzar juntos”, sostiene la académica. 

"La ciencia avanzaba y creíamos que todo lo podíamos lograr, y que el hombre era el dueño del mundo. Ahora nos damos cuenta de que estamos limitados de una forma que nunca imaginamos" - Bárbara Loeb, profesora de la Facultad de Química y de Farmacia.

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