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Grupo de remadores en una competencia.

El sueño compartido


El autor asegura que una sociedad sana es aquella en la cual sus integrantes se sienten parte de un proyecto común que busca el desarrollo. Por ello, profundiza en el concepto de equilibrio colaborativo, que se alcanza cuando las estrategias de cada actor responden a intereses individuales y colectivos de forma simultánea. Entre las condiciones sociales para lograr este objetivo se encuentra la confianza interpersonal y representa uno de los mayores desafíos en el Chile actual. Te invitamos a volver a leer este reportaje, aparecido en la Revista Universitaria 148, en abril de 2018..

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photo_camera Federación española de remo.

Los desafíos que enfrenta la sociedad en su camino al desarrollo son cada vez más complejos y, en estas condiciones, los mecanismos tradicionales para organizar la vida en común, como los mercados y las políticas de los gobiernos, son menos efectivos para satisfacer razonablemente las expectativas de la población.

En estas circunstancias, los gobiernos buscan complementar su acción directa con la creación de un ecosistema en el que las decisiones individuales e independientes de los actores sociales sean coherentes con el bien común, para lo cual es indispensable que existan condiciones adecuadas: un propósito compartido, una gobernanza abierta y un buen nivel de confianza.

El enfoque tradicional de las políticas públicas, que opera a través de una relación vertical entre la autoridad y los usuarios, se debe reorientar hacia la generación de equilibrios colaborativos, que se expresan en la articulación de actores que, desde sus contextos particulares, son capaces de trabajar para que el desempeño agregado sea superior, lo que permite alcanzar resultados que serían imposibles en cualquier otro escenario.

En este ambiente cada uno despliega sus propias estrategias, las que se refuerzan unas a otras y todas juntas influyen en el desempeño final para la sociedad. Hacer este cambio representa uno de los mayores desafíos en el Chile actual.

Una gobernanza abierta tiene una visión comprensiva de lo público, que incorpora a todos los que tengan interés en aportar a resolver los problemas de la vida en común.

El engranaje necesario

En ámbitos tan diversos como la salud, la educación, el trabajo, la innovación, el medio ambiente y el emprendimiento, existen equilibrios colaborativos. El impacto de las políticas y programas públicos en cada una de estas áreas depende menos de su diseño y más de una multiplicidad de factores, que ocurren en el nivel de las interacciones sociales y la suma de muchos aportes que ejercen una influencia decisiva en los resultados finales.

El equilibrio colaborativo se alcanza cuando las estrategias de cada actor responden a su interés particular y, al mismo tiempo, observan lo que ocurre con las conductas de los demás sujetos y con el resultado agregado que genera la interacción. Este último aspecto es el que mantiene el incentivo a colaborar en el tiempo, ya que todos los actores observan que el resultado que obtiene la sociedad es superior al caso en que no existe cooperación. Es decir, el equilibrio colaborativo representa una situación en la que la sociedad alcanza su mayor potencial.

EGOÍSMO SOCIAL. La evasión del Transantiago es un mal endémico que ha provocado un tremendo daño al sistema de transporte público santiaguino. En este acto se refleja cómo la decisión de una persona termina perjudicando a la sociedad como un todo. Fotografía: Karina Fuenzalida.
EGOÍSMO SOCIAL. La evasión del Transantiago es un mal endémico que ha provocado un tremendo daño al sistema de transporte público santiaguino. En este acto se refleja cómo la decisión de una persona termina perjudicando a la sociedad como un todo. Fotografía: Karina Fuenzalida.

La sistematización de este enfoque está inspirada en los aportes de John Nash, Premio Nobel de Economía en 1994, que en el marco de la teoría de juegos desarrolla el principio de equilibrio en la colaboración, que establece que una sociedad maximiza su nivel de bienestar cuando cada jugador actúa a favor de su propio bienestar, pero sin perder de vista el de los demás integrantes del grupo. Este principio es estable porque una vez alcanzado, ninguno de los actores tiene incentivos para adoptar una estrategia diferente, ya que la colaboración con los demás beneficia su propio interés. En este caso no se requiere una autoridad que presione a los individuos a la cooperación.

Los obstáculos para alcanzar un equilibrio colaborativo pueden llevar a la sociedad a una trampa del desarrollo en la que se reproduce un equilibrio económico y social sin cooperación, y del cual ningún actor puede escapar por sí solo.

En las trampas del desarrollo ocurre que decisiones que son convenientes para algunos actores individualmente terminan perjudicando a la sociedad como un todo, porque estos actores son miopes a lo que sucede con los demás miembros del grupo.

Por ejemplo, si los individuos esperan que sus pares tengan un comportamiento poco cívico, demandarán una regulación más fuerte por parte del gobierno, generando rigideces que luego hacen más difícil la innovación, la aplicación de nuevas tecnologías y los aumentos de productividad. En este ambiente son frecuentes las negociaciones sociales de “suma cero”.

Otro caso de equilibrio no colaborativo se refleja en la baja inversión en activos públicos. Cuando las condiciones sociales son débiles se reduce la disposición a invertir en bienes tales como educación, infraestructura, comunicaciones y cultura. La sociedad se resiste a financiar este gasto a través de los impuestos, ya que desconfía de los beneficios de estas inversiones.

INVERTIR EN EDUCACIÓN. Cuando las condiciones sociales son débiles se reduce la disposición a invertir  en bienes tales como educación, infraestructura, comunicaciones y cultura. La sociedad se resiste a financiar este gasto a través de los impuestos, ya que desconfía de los beneficios de estas inversiones. Fotografía: Cristóbal Saavedra para Revista Universitaria.
INVERTIR EN EDUCACIÓN.
Cuando las condiciones sociales son débiles se reduce la disposición a invertir en bienes tales como educación, infraestructura, comunicaciones y cultura. La sociedad se resiste a financiar este gasto a través de los impuestos, ya que desconfía de los beneficios de estas inversiones. Fotografía: Cristóbal Saavedra para Revista Universitaria. 

Las trampas del desarrollo son equilibrios no colaborativos que se mantienen en el tiempo porque las estrategias de cada actor están basadas en las expectativas de lo que harán los demás, las que a su vez dependen de las conductas observadas en el pasado, que se expresan en las normas sociales y generan una pauta para dicha conducta en el presente. Si la historia muestra una baja calidad en las normas sociales, estas se tenderán a repetir en el futuro con lo que las condiciones sociales serán persistentes.

Es decir, la observación de las conductas anteriores y de las normas sociales es el prisma a través del cual las personas generan sus expectativas respecto de las interacciones sociales, por lo que en ambientes de desconfianza se desaprovecharán las ganancias que vienen de la cooperación recíproca.

Ecosistemas colaborativos

Las condiciones sociales para alcanzar un equilibrio colaborativo son una visión compartida, una gobernanza abierta y un buen nivel de confianza interpersonal. Estos tres elementos se refuerzan mutuamente, permiten transitar desde situaciones de trampa del desarrollo a ecosistemas que promueven la colaboración entre los actores relevantes, y refuerzan la estabilidad del equilibrio colaborativo en el tiempo.

En primer lugar, un equilibrio colaborativo se apoya en una visión común por parte de los diversos actores acerca de los desafíos que enfrenta la sociedad. Más que la confrontación de puntos de vista divergentes, hay un genuino esfuerzo por construir una perspectiva en la que todos asumen un rol activo en la solución de los problemas colectivos. Esta mirada común es un paso necesario para moldear una cultura de confianza y buen gobierno en la sociedad.

Todos los puntos de vista necesitan ser reconocidos e integrados, pero al mismo tiempo, cada grupo tiene que actuar dentro de la institucionalidad que funciona para todos. Los conflictos son parte del escenario de las sociedades que progresan, frente a lo cual lo relevante es reconocer su complejidad, encontrar soluciones que articulen las visiones de los diversos actores y preservar el proyecto común.

Las sociedades modernas deben reconocer que los procesos sociales ocurren a través de redes e interacciones en las que la confianza es fundamental.

La experiencia internacional muestra que el buen desempeño económico está correlacionado con la existencia de un liderazgo que tiene valores que llevan a actuar de acuerdo al interés de la mayoría de la población, lo que permite ordenar la agenda pública. Como se señaló, los países que tienen una orientación hacia el bien común poseen una mayor disposición a invertir en activos públicos, y la sociedad percibe que el Estado está velando por el bien de todos los ciudadanos y no de un grupo pequeño, lo que facilita la recaudación tributaria para financiar estas inversiones.

La experiencia internacional muestra que el buen desempeño económico está correlacionado con la existencia de un liderazgo que tiene valores que llevan a actuar de acuerdo al interés de la mayoría de la población, lo que permite ordenar la agenda pública.

Espacio abierto a la participación

Generar un propósito común no es responsabilidad exclusiva del gobierno, aunque este es un actor relevante para que la sociedad se involucre en la indagación de una agenda de este tipo. Más bien es algo que se produce en el espacio que existe entre el Estado y los individuos, donde los ciudadanos pueden interactuar de manera independiente y dar forma al interés común, es un lugar abierto a la participación de todos los grupos de la sociedad.

En una sociedad sana, este lugar es ocupado por la deliberación y la constante búsqueda de un proyecto compartido, en un esfuerzo abierto a las personas, los empresarios, la sociedad civil, las universidades y los partidos políticos. Cuando este espacio está vacío los ciudadanos se alejan de la búsqueda del interés común.

En segundo lugar, un equilibrio colaborativo se apoya en una gobernanza abierta, en la que además de las políticas y programas públicos disponibles dentro del gobierno, se busca que sean las mismas personas, las organizaciones civiles y las empresas las que asuman responsabilidad y aporten a la solución de los problemas colectivos. Es decir, se reconoce que para alcanzar las expectativas de la sociedad se requiere recurrir a las capacidades de todas las personas.

Una gobernanza abierta tiene una visión comprensiva de lo público, que incorpora a todos los que tengan interés en aportar a resolver los problemas de la vida en común. Precisamente, la condición para enfrentar con éxito los desafíos colectivos es tener la capacidad para congregar los esfuerzos de unos y de otros. Además, la gobernanza abierta se construye sobre la base de contrapesos para que la mayoría que gobierna siempre considere el espacio de la minoría que está fuera del gobierno, y mecanismos que aseguren una participación política de los ciudadanos de manera institucionalizada, incluyendo procesos de deliberación informados y una efectiva competencia democrática, de modo de captar las nuevas tendencias y las manifestaciones sociales.

El tercer factor que apoya un equilibrio colaborativo es la confianza interpersonal que existe en la sociedad. De hecho, la desconfianza es uno de los principales obstáculos que impiden alcanzar un equilibrio colaborativo y hace que las políticas públicas sean menos efectivas. Todas las transacciones económicas implican un nivel de intercambio entre personas, por lo que tienen algún elemento de confianza.

Los resultados del World Values Survey muestran que Chile posee baja confianza interpersonal, ya que solo un 12,4% postula que en general se puede confiar en la gente. Esta percepción también se manifiesta respecto de las instituciones y de las empresas, generando una brecha de confianza que tiene importantes consecuencias para lograr equilibrios colaborativos en torno a los principales desafíos de la sociedad.

La confianza se apoya en las relaciones “cara a cara”, lo que significa que las partes participan del diálogo que precede a una acción colaborativa. Frecuentemente los gobiernos organizan ejercicios de consulta o eventos de discusión, pero difícilmente abren las puertas a una coordinación público-privada, en que participan las empresas y los organismos de la sociedad civil, como ocurre en la mayoría de los países desarrollados.

Así, la confianza, la colaboración, la legitimidad de las instituciones y la integración social son cada vez más relevantes en la economía actual, porque facilitan la generación de equilibrios colaborativos que son indispensables para avanzar en el camino al desarrollo. Las sociedades modernas deben reconocer que los procesos sociales ocurren a través de redes e interacciones en las que la confianza es fundamental. La efectividad de las estrategias basadas en el control “desde arriba” o en el mercado descentralizado están cada vez más cuestionadas.


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