El trabajo de profesoras UC en escuela nómade y empoderamiento de mujeres en Chad
Académicas de la Facultad de Educación estuvieron durante enero y febrero apoyando la labor de la escuela de Tchoubouk, que recibe a más de 60 niños de 5 a 12 años. También implementaron un taller piloto de arpilleras, enfocado en potenciar la autonomía de las mujeres. “Yo siento un compromiso personal con ellos. Una vez que tú los miras a la cara, dices: chuta, les puedes transformar la vida”, reflexiona la académica Maili Ow.
photo_camera Cecilia Ramírez, Maili Ow y Daniela Cobos viajaron a Chad durante enero y febrero de este año, como parte del proyecto “Fortaleciendo los lazos de cooperación con Chad: educación y promoción de mujeres del Guera”. (Fotografía gentileza Maili Ow y Cecilia Ramírez)
“Un, deux, trois (…)”, escucha atenta Cecilia Ramírez, académica de la Facultad de Educación, a un alumno que recita y la busca constantemente para mostrarle cuánto ha aprendido.
Esto puede sonar como una situación común, pero el contexto está lejos de ser ordinario: ocurre a más de 10 mil kilómetros de Chile, en la provincia de Guera, cerca de la ciudad de Mongo, en la República de Chad, en África.
Entre cabras y vacas transcurren las clases en la escuela nómade de Tchoubouk. Cerca de 60 alumnos, de entre 5 y 12 años, conforman sus dos aulas. Sus salas de clases son alfombras en el suelo, bajo la sombra de un árbol, junto a una pizarra de tiza que la comunidad transporta consigo e instala cada vez que se establece por una temporada en un nuevo lugar.
Las docentes de la Facultad de Educación Cecilia Ramírez y Maili Ow, junto con Daniela Cobos, profesora de Diplomados de la Facultad de Artes y Antropología UC y de la Universidad de Chile, viajaron a Chad durante enero y febrero de este año, como parte del proyecto “Fortaleciendo los lazos de cooperación con Chad: educación y promoción de mujeres del Guera”, financiado con las Becas de movilidad de la Vicerrectoría de Asuntos Internacionales UC y el Banco Santander.
Durante las cuatro semanas que estuvieron en la ciudad de Mongo y sus alrededores, las académicas, junto con dar seguimiento a la escuela nómade de Tchoubouk, implementaron un piloto de taller de arpilleras, asociado a las bibliotecas que Caritas-Mongo acompaña en la provincia de Guera.
Para Cecilia y Daniela este fue su primer viaje. Mientras que Maili trabaja con comunidades de Chad desde 2020. La docente ha realizado siete viajes a la zona para impulsar diferentes iniciativas, como la entrega de máquinas de coser a cuatro comunidades de mujeres; la implementación de la biblioteca de la maternal (jardín infantil) Francisco Xavier, en Abéché; la realización de talleres para docentes, además de la puesta en marcha de la escuela nómade de Tchoubouk. También ha viajado con estudiantes de Pedagogía UC que han realizado actividades curriculares en Chad, en el contexto de estas iniciativas de cooperación.
En este último viaje, el objetivo fue dar continuidad al proyecto de la escuela nómade que inició en 2023, fortalecer la calidad pedagógica y fomentar el compromiso de la comunidad, y motivar a los niños, niñas y jóvenes que asisten.
“Yo siento un compromiso personal con ellos. Una vez que tú los miras a la cara, los rostros de los niños, dices: chuta, les puedes transformar la vida. Eso es súper duro, uno se cuestiona: ¿en realidad estaré haciendo algo bueno? ¿Será adecuado que estos niños, entre comillas, conozcan más cuando a lo mejor no van a salir nunca de ahí? Porque para ellos el mundo es donde está el clan”, reflexiona la académica Maili Ow.
Empoderarse con cada puntada
En los talleres de costura, las académicas pusieron una única regla: solo podían participar mujeres. En Chad, las mujeres tienen poca autonomía; todas las decisiones relevantes suelen estar mediadas por figuras masculinas, sean sus padres, hermanos o maridos.
“Fuimos un poquitito más allá culturalmente. Porque era una condición nuestra desde el punto de vista occidental. Si nosotros nos vamos a juntar como amigas, nos juntamos puras mujeres. Pero para ellas es algo que no se hace”, explica Cecilia Ramírez, miembro del Centro UC de Patrimonio Cultural y de la Subdirección de Género de la Facultad de Educación.
Junto con la falta de autonomía, las mujeres tienen poca posibilidad de educarse. Si bien la educación presenta desafíos para ambos géneros, la UNESCO señaló que, en 2021, solo el 38% de las niñas completó la educación primaria, frente al 49% de los niños.
Esta brecha se amplía en la educación secundaria baja, donde apenas el 14,1% de las niñas finaliza este nivel, en comparación con el 24,2% de los niños. Estas diferencias se profundizan en el caso de las mujeres, debido a factores como el matrimonio infantil y la maternidad precoz, que limitan su continuidad educativa.
Cecilia Ramírez estimó que las arpilleras podrían ayudar a relatar sus vidas y transformarse en una fuente de ingresos y mayor autonomía, junto con ser una oportunidad de alfabetización a través del arte.
“Yo propuse: ¿por qué no guiarlas y enseñarles el trabajo de las arpilleras, que permite contar lo que no puedes relatar a través de un trabajo artístico? Nosotras estábamos seguras de que ellas podían contar sus historias”, explica Cecilia Ramírez.
Para llevar las arpilleras desde Chile hasta Chad, las académicas establecieron “un puente” entre la Casa de la Mujer de Huamachuco, en Renca —con una larga tradición desde los inicios de la dictadura— y los talleres del Guera.
También se contactaron con Elena Alfaro, directora del programa de Artesanías UC, quien gestionó la colaboración de un grupo de estudiantes de Diseño UC para elaborar materiales e instructivos, guiadas por la Casa de la Mujer de Huamachuco.
En paralelo, ambas docentes aprendieron a hacer arpilleras con ayuda de la académica y artista textil Daniela Cobos. “Nos juntábamos los fines de semana antes de partir a hacer arpillera. Y allá en la noche nos dedicábamos a coser”, cuenta Cecilia, y muestra un estuche para el computador que realizó Maili durante el viaje.
Realizaron dos talleres en bibliotecas rurales, acompañadas por Caritas-Mongo, en Moukoulou y Dadouar, donde participaron más de 100 mujeres. Las académicas les entregaron, junto con materiales e instructivos elaborados por estudiantes de Diseño, implementos como tijeras, tela, hilo, alfileres y botones, para que pudieran desarrollar sus tareas.
“Pensábamos que se iban a demorar más, pero avanzaban muy rápido. Llegaban con todo listo, porque querían aprender”, relata Maili Ow.
Las participantes tenían entre 16 y 50 años —la esperanza de vida en Chad no supera los 55—, y muchas asistían acompañadas de sus hijos. En Dadouar, incluso, debían caminar casi 15 kilómetros diarios, y muchas se quedaban a dormir.
En sus arpilleras se veía su vida: niños, casas, agua e incluso herramientas de cocina como el mortero.
“Yo sentí que, en los dos lugares, a pesar de que sus vidas son de mucho trabajo, no hay un sufrimiento, pero tampoco una aceptación. Hay ganas de más, de salir adelante, de tener planes, de hacer cosas, de que volvamos y les enseñemos más. Sentí que ellas lo estaban haciendo bien, que eran mujeres que se empoderaron; fue un espacio que ellas ganaron”, reflexiona Cecilia.
Vínculo UC y Chad
La relación entre la Universidad Católica y Chad se estableció hace más de 15 años, al alero de la Facultad de Medicina.
El académico y anestesiólogo Rodrigo López diseñó un proyecto de capacitación para profesionales de la salud en Chad, impulsado por Leopoldo Labrín, sacerdote jesuita y médico chileno que vive desde 1992 en ese país.
Así se inició la cooperación entre la UC, la Universidad de Chile y el Complejo Hospitalario Universitario Buen Samaritano (CHU-BS).
En 2021, la UC firmó un memorándum de entendimiento con Caritas-AURA, con el propósito de ampliar las áreas de colaboración desde la salud hacia la educación, la agricultura sustentable y el diálogo interreligioso, entre otros ámbitos.