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Nueva constitución

Facultad de Ciencias Sociales UC reflexiona sobre el desafío de una nueva Constitución para Chile


Con la meta país de crear un nuevo marco constitucional, las escuelas de Psicología, Trabajo Social, Antropología y el Instituto de Sociología, desarrollaron el conversatorio «A propósito de octubre 2019: nueva constitución, plebiscito, convención mixta, convención constituyente». Se trata de la primera de una serie de actividades que esta facultad estará realizando para contribuir a la discusión tras el 18/10.

Integrantes de la Facultad de Ciencias Sociales sentados en el Aula Magna del campus San Joaquín, para el conversatorio sobre los desafíos de una nueva Constitución.

photo_camera Durante el conversatorio «A propósito de octubre 2019: nueva constitución, plebiscito, convención mixta, convención constituyente», los expositores Paula Ahumada, Tomás Jordán y Gabriel Negretto -académicos y abogados constitucionalistas-, contribuyeron al análisis del gran desafío nacional que espera construir una nueva Carta Magna. Fotografía: Escuela de Psicología

En el Aula Magna del Campus San Joaquín, unas 150 personas se reunieron para analizar estos 50 días de estallido social, con un foco especial en el histórico Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución firmado el 15 de noviembre. 

Tras aquel pacto acordado por partidos del oficialismo y de la oposición, la Facultad de Ciencias Sociales se congregó para discutir el escenario social que vive el país.

Durante el conversatorio «A propósito de octubre 2019: nueva constitución, plebiscito, convención mixta, convención constituyente», los expositores Paula Ahumada, Tomás Jordán y Gabriel Negretto -académicos y abogados constitucionalistas-, contribuyeron al análisis del gran desafío nacional que espera construir una nueva Carta Magna.

“Esto es una manifestación del optimismo con el que enfrentamos la crisis. La necesidad de comprenderla y de buscar caminos de solución. A pesar de los riesgos que enfrentamos -para la democracia, la cohesión social y el orden institucional del país-, creo que tendremos un mejor país. Es una ocasión para mirar el futuro con esperanza e inteligencia, y para pensar qué es lo que podemos aportar en una crisis como esta”, dijo Eduardo Valenzuela, decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la UC, durante la apertura del conversatorio, ante miembros de la universidad, estudiantes, académicos y académicas, profesionales y administrativos.

Así, Paula Ahumada, académica de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile y de la Universidad Central; Tomás Jordán, abogado y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado; y Gabriel Negretto, abogado y académico del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Católica, hicieron un análisis histórico y entregaron su visión respecto de ciertos puntos que han levantado polémica en torno al cambio constitucional. 

“Con más de 200 manifestaciones sociales en ciudades, calles, plazas, y campus universitarios, el país se está manifestando por legítimas demandas sociales, pero no sin costos. Uno de los más dolorosos, que ya conocemos por nuestra triste historia pasada, es el de la violencia. Frente a un nuevo pacto social, en el que la Constitución juega un rol fundamental, quisimos abrir nuestra facultad para pensar y discutir sobre este desafío”, dijo Marcela Cornejo, directora de la Escuela de Psicología UC, quien estuvo a cargo de la organización del evento.


Legitimidad de la Constitución


De acuerdo con Paula Ahumada, la Constitución de 1980 ha sido criticada por el contexto histórico que dio lugar a ella. “Una ilegitimidad de origen que, por circunstancias políticas, se optó por tratar de hacer propia a través del ejercicio. Esto a través de una serie de reformas que empezaron a desarrollarse a partir del año 89”.

¿Por qué la Constitución actual es vista como un fracaso por la gran mayoría de la población que se ha volcado a las calles durante las últimas semanas? A juicio de la académica, doctora en Derecho de la Universidad de Chile, esto no solo tiene que ver con un problema de orden procedimental, también es de carácter sustantivo. 

“Porque constitucionaliza un determinado orden económico instituido en dictadura (…) La Constitución no solo establece un orden jurídico, establece un orden social y económico. En definitiva, lo que hace es habilitar o potenciar la actividad económica, y potenciarla a través del capítulo tercero, que establece la libre actividad económica”, manifestó.

Falta de legitimidad que Tomás Jordán denominó como la ausencia de un compromiso constitucional.  “Es decir, esa voluntad que tenemos los miembros del pueblo de Chile de adherir a la Constitución Política (…). Ese texto no nos representa. Y, como no nos representa, no nos sentimos obligados a él. Las cartas magnas bien constituidas generan el efecto inverso. Aunque no diga todo lo que nosotros queremos, hay un sentido de obligación por esa identificación”, dijo el magíster en Derecho Público, con mención en Derecho Constitucional de la Universidad de Barcelona. 

Jordán también destacó la posibilidad que surge hoy con un cambio constitucional dentro de un régimen democrático: “no es un big bang constitucional. Es más bien una eclosión, en el que la sociedad desde adentro expresa su disconformidad y exige un cambio”.

Tomás Jordán, quien fuera coordinador del proceso constituyente desarrollado en el gobierno de la ex Presidenta Michelle Bachelet, afirmó que esto es muy relevante porque tradicionalmente las constituciones en nuestro país no han nacido en democracia. 

“Entonces, cuando se habla de que Chile podría tener por primera vez una Constitución democrática, tiene que ver con que el sostén de la Carta Magna está ligado a la idea de soberanía popular. Eso es lo que está sosteniendo el fondo de este proceso. Y si todo resulta bien, y sin olvidar las graves violaciones a los derechos humanos que han ocurrido, podríamos decir que esta iniciativa puede ser hija de un movimiento multitudinario de la ciudadanía”.

En ese sentido, para el académico las constituciones pueden ser consideradas como tales, solo si cumplen dos requisitos fundamentales.  “Uno, deben existir acuerdos políticos lo más amplio posibles. Segundo, tiene que haber legitimidad social. Si se carece de alguno de estos elementos, no vamos a tener Constitución (…) Si no intervienen los actores políticos institucionales, no habrá nueva Constitución. Y si esas decisiones de esos actores políticos institucionales no son apoyadas por la ciudadanía, en un sentido sencillo de definir legitimidad, no habrá nueva Constitución. Ese es el desafío que tenemos”.

Por su parte, Gabriel Negretto, profesor del Instituto de Ciencia Política de la Facultad de Historia, Geografía y Ciencia Política UC, dijo que los chilenos merecen una nueva Constitución por muchas razones. “Algunas de ellas simbólicas, que tienen que ver con tener en democracia una Constitución. Y otras que se relacionan con la ausencia de derechos sociales, de mecanismos de participación popular, de decisión más mayoritarios, que destraben el proceso de elaboración de políticas públicas. La falta de principios regulatorios, aunque sea a nivel general, para orientar a los tribunales cuando surjan conflictos con prestadores privados de servicios públicos. Me refiero a salud, al sistema de pensiones, al acceso al agua, y a un montón de otros problemas en los que la Constitución actual no ofrece una respuesta concreta ni específica”, afirmó.



Puntos en discusión

Dentro de las determinaciones que han marcado esta discusión, está el mecanismo con que se dará forma a la nueva Carta Magna. Si debe ser convención mixta, es decir, integrada tanto por parlamentarios como por delegados electos, o si debe estar compuesta solo por miembros elegidos. A esto se suma si se tratará de una convención regulada o una convención intervenida, y todo lo que respecta a la participación pública incidente. 

“Entonces, no es solo elegir una fórmula. La idea de participación pública incidente me parece que es clave para avanzar en el texto de una nueva Constitución. Esto no es menor, porque en general, la teoría del mandato de nuestros representantes, ya sea de partidos o no, es que ellos son libres para tomar decisiones”, explicó Tomás Jordán.

Otro punto que también ha causado polémica, es que algunos sectores han planteado que el acuerdo político otorgaría control a los partidos, anularía los movimientos sociales, y pretendería apoderarse de la institucionalidad existente. Una posición que Gabriel Negretto calificó como errónea en lo conceptual y falsa en lo histórico.

“No cabe duda que los movimientos sociales y la ciudadanía tienen que tener representación en el proceso. Pero en un contexto democrático, esto llama a complementar, no a sustituir las vías legales ya establecidas para la expresión de la voluntad popular. Afirmaciones tales como ‘la democracia es el pueblo no las instituciones’, a mi juicio son evocaciones radicales, ficticias, abstractas, que no responden a los procesos constituyentes en el mundo, ni mucho menos a aquellos que se han iniciado en contextos democráticos”, sostuvo Negretto.

Asimismo, el abogado planteó que cree que la regla de los dos tercios dice menos de lo que la gente y los políticos mismos han planteado.

“La hoja en blanco creo que fue una invención, una salida política, quizás para responder una pregunta periodística. A partir de ahí se han empezado a decir una serie de cosas que para mí tienen muy poco sentido. Por ejemplo, que todo lo que no se acuerde quedará fuera de la Constitución, y que entonces debe resolverse por vía de legislación ordinaria o por interpretación judicial. Eso puede ocurrir con respecto a ciertos temas, pero hay muchos otros que forzosamente tienen que estar en la Constitución. No puede quedar fuera, ni resolverse por vía de legislación ordinaria, ni por vía de interpretación judicial, el procedimiento para la elaboración del presupuesto, el nombramiento del Tribunal Constitucional, el sistema de control de constitucionalidad de las leyes, por mencionar algunos. Hay que pensar en mecanismos alternativos de desbloqueo”, aseguró Negretto.
 

Expectativas a futuro


Sobre las expectativas que la ciudadanía tiene con la nueva Constitución, los expositores coincidieron en que es necesario ser cautelosos. 

“El crear una nueva Constitución, el pensar las bases fundamentales de nuestro Estado, es un proyecto de mediano plazo. Las demandas sociales y económicas son demandas concretas, que requieren un programa paralelo. Son procesos diferentes que, si bien tienen un correlato, no dan respuestas a las demandas precisas que existen en materia de educación, de pensiones, de salud, o de vivienda”, dijo Paula Ahumada.

Una opinión similar fue la del profesor Negretto: “La Constitución es más bien el marco legal y político que consagra los principios un país, que luego quedan plasmados en leyes comunes, en leyes ordinarias, en reglamentos administrativos, en decretos, etc. Como la Constitución va a fortalecer esos cambios, es posible que los conflictos se resuelvan en un sentido nuevo. En favor de otros principios, que hoy no están presentes. Pero no es una respuesta directa y concreta”.

Finalmente, los académicos que participaron de este conversatorio destacaron la importancia de generar espacios que permitan el intercambio de ideas y la entrega de información más clara respecto del proceso que viene.

“A mí me parece muy positivo que se realicen este tipo de actividades. Creo que la Universidad cumple un rol fundamental para la difusión del conocimiento. Es clave trascender el aula y llegar a la ciudadanía”, dijo Paula Ahumada. 

La trascendencia de este momento y el aporte que la academia puede realizar para esclarecer las dudas nacionales, fue otro de los aspectos que reforzó Gabriel Negretto. 

“La información fluye de manera muy segmentada, así que creo que estos eventos son cruciales. A veces se utilizan nociones que confunden a la opinión pública. Decir que la convención constitucional electa en su totalidad, o la convención mixta, en realidad no responden a lo que siempre se demandó, como es la Asamblea Constituyente, considero que eso es falso. Ambas figuras, tal como han quedado, son formas de Asamblea Constituyente. Tampoco es cierto que la regla de los dos tercios para aprobar la Constitución transgrede la idea de una Asamblea Constituyente. Entonces, a veces se confunde el debate político con el debate institucional”, afirmó.


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