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Solidaridad:

La comunidad como pilar esencial


La solidaridad va mucho más allá de la caridad y requiere acción, no solo reflexión. Más de un millón de personas perdieron sus trabajos en Chile debido a la pandemia y la pobreza aumentó del 8,6% en 2017 al 10,8% en 2020 -lo que habría llegado a un 13,7% sin las ayudas estatales. ¿Cómo enfrentar esta realidad? Recomponer la vida desde la comunidad puede ser una solución, y sin duda, los jóvenes son la esperanza para un progreso más transversal, equitativo y sustentable.

photo_camera Como afirma la decana de la Facultad de Ciencias Sociales Mariane Krause: "En todo esto es clave la revalorización de la comunidad: una en la cual nos sintamos parte y que a la vez, le dé espacio a la diversidad, donde exista comunicación, interrelación y cooperación entre sus miembros”. (Fotografía: Taller de huerta de Pastoral UC en Santuario Padre Hurtado como parte de las actividades del Mes de la Solidaridad/César Cortés)

El hombre es por naturaleza un animal social, decía Aristóteles. Y, si bien tiene una dimensión individual, para el filósofo la vida racional y la felicidad solo son posibles en comunidad. Esto muchas veces, por sabido, se nos olvida. Sucesos como la pandemia provocada por el COVID-19 nos lo recuerdan: los científicos, el personal de la salud, los líderes, los estudiantes, los académicos y los ciudadanos comprendimos no solo el inmenso valor de una vacuna, sino la importancia del cuidado común.

“Nadie se salva solo, únicamente es posible salvarse juntos”, destacó el Papa Francisco en su encíclica Fratelli Tutti. Esa idea ya existía en la Antigüedad e incluso en cultura ancestrales como la andina, donde el ayni, un principio esencial de reciprocidad, era el marco de una “cultura del cuidado” (Khuyapayaq Aylluchakuy, en quechua) que también se extendía a otras actividades como el trueque.

Hoy la evidencia muestra que la felicidad depende de cuán sólido sea nuestro núcleo cercano y la transversalidad de éste. La satisfacción de poder ayudar a otros y compartir momentos –no solo satisfacer necesidades básicas- brinda más plenitud a quien lo hace desinteresadamente. Los seres humanos necesitan sentirse queridos y considerados. Y en la modernidad este instinto se potencia: la tecnología y las redes sociales nos conectan pero no generan humanidad, ni amistad real ni afectos profundos.

Reestablecer el equilibrio

Las cifras muestran que el balance tras el estallido social y la pandemia será un país más pobre y desigual, con menos ahorro e inversión. Sin embargo, la respuesta puede estar en un enfoque en lo local, en la comunidad. (Fotografía: Entrega de alimentos en toma Lo Errázuriz, Cerrillos/Pastoral/Karina Fuenzalida)
Las cifras muestran que el balance tras el estallido social y la pandemia será un país más pobre y desigual, con menos ahorro e inversión. Sin embargo, la respuesta puede estar en un enfoque en lo local, en la comunidad. (Fotografía: Entrega de alimentos en toma Lo Errázuriz, Cerrillos/Pastoral/Karina Fuenzalida)

"Este es un tiempo en que quisiéramos que el corazón de los miembros de nuestra universidad y de todo Chile, se marcara con el sello de la solidaridad", dice el capellán general de la UC, padre Fernando Valdivieso. Inmersos en un contexto de incertidumbre, cambios sociales y tecnológicos, quisimos abordar cómo vincularnos con aquellas comunidades más desposeídas y ser más funcionales con nuestro entorno para así enfrentar el paradójico malestar frente al progreso.

El economista Raghuram Rajan, exgobernador del Banco Central de India y profesor de la Universidad de Chicago, planteó el tema en su libro “El Tercer Pilar: el renacimiento de la comunidad en un mundo polarizado (The Third Pillar: The Revival of Community in a Polarised World, 2019). Según él, los problemas de las democracias liberales surgen del desbalance de los tres pilares que las sustentan: mercado, Estado y comunidad. Los dos primeros se fortalecieron ampliando sus ámbitos de acción, reduciendo la pobreza, generando empleo y movilidad social; el tercero, en cambio se rezagó. Cuando los tres pilares están en equilibrio, las personas prosperan; y cuando un pilar se vuelve demasiado poderoso u otro demasiado débil, las cosas suelen salir mal. Así sucedió: La comunidad es un actor económico desatendido -sostiene Rajan- y ello sería “caldo de cultivo” para el populismo.

Adoptar una perspectiva local podría ayudar a un reequilibrio. El autor propone un “localismo inclusivo”, donde se busca empoderar a las comunidades “para dar a las personas mayor control sobre su futuro en el proceso de creación y distribución del poder económico y político”. Así, “la comunidad, más que la nación, se convertirá en un posible vehículo para la cohesión étnica y la continuidad cultural”, dice el autor. Nuestro país debe tomar nota.

Según la última Encuesta de Caracterización Socioeconómica (CASEN) del 2020, en Chile hay 831.232 personas en situación de pobreza extrema y 1.280.953 no tienen recursos para satisfacer sus necesidades básicas. Debido a la pandemia, las personas en situación de pobreza aumentaron en más de 500 mil desde la anterior medición (2017). El Estado ha respondido a esa caída de ingresos tanto a través del Ingreso Familiar de Emergencia Universal (IFE-U) y los privados, a través de los retiros de sus fondos de pensiones.

El nivel de deuda pública proyectada para fines de 2021 es de 34,1% del PIB. Y, si bien las cifras de crecimiento económico han mejorado –según el Banco Central, un 18,1%, en el segundo trimestre- es innegable que el balance tras el estallido social y la pandemia será un país más pobre y desigual, con menos ahorro e inversión.

Es un hecho que la distribución de ingresos se deteriora cuando la economía flaquea. Sin embargo, ello no resta importancia a la necesidad de diseñar políticas e instituciones idóneas para atender las necesidades de ingresos para la vejez, salud y educación; además, se debe velar por mejores posibilidades de empleos para los sectores de escasos recursos. Y, si bien esa red social ofrece una cierta protección, es clave recuperar un crecimiento sostenido que atraiga inversión, genere recaudación fiscal y permita la creación de empleos de calidad. Así ante la actual crisis, el rol del crecimiento es insustituible.

¿Cómo enfrentar este panorama?

Claudia Martínez, profesora del Instituto de Economía, quien ha sido convocada para participar en varias comisiones de expertos desde el año 2020, agrega que “en tiempos extraordinarios, es de gran relevancia la solidaridad hacia quienes se ven más golpeados por las crisis. Desde la economía podemos aportar desde el diseño de políticas públicas”.

Para el economista Sergio Urzúa, profesor de la Universidad de Maryland e investigador de Clapes UC, la necesidad de dinamizar la sociedad chilena viene de la mano del desafío de brindar oportunidades a todos y a todo nivel. Esto implica también potenciar a la comunidad. Desde áreas verdes, colegios de calidad y buena atención primaria de salud, hasta la preocupación por el medio ambiente, el ámbito de la acción colectiva debe ser ampliado.

“Tal visión -agrega Urzúa- es transversal en los programas de gobierno de los futuros candidatos a la presidencia de Chile. Sin embargo, existe poca claridad en  estos textos en cuanto a cómo implementar tal agenda con buenas políticas públicas. Algunos, por ejemplo, ubican al sistema de mercado como la principal barrera para re-encausar al país desde la comunidad. (...) Un debate reflexivo, por ejemplo, dentro de las universidades, debería proveer una visión más crítica sobre conceptos que son expuestos en el debate público con una simplicidad y polarización extrema. Lo que se requiere es integrar los pilares de una sociedad moderna, no destruir uno para erigir otro. Y los jóvenes deben ser parte integral de este proceso”.

Estudiantes  con mirada país

“La pandemia ha afectado fuertemente a miles de familias en Chile, acrecentando problemas sociales y habitacionales. (...) Es nuestra responsabilidad poner al servicio del país todas las herramientas que están a nuestro alcance", afirman los jefes generales de La Obra. (Fotografía: Trabajos voluntarios La Obra)
“La pandemia ha afectado fuertemente a miles de familias en Chile, acrecentando problemas sociales y habitacionales. (...) Es nuestra responsabilidad poner al servicio del país todas las herramientas que están a nuestro alcance", afirman los jefes generales de La Obra. (Fotografía: Trabajos voluntarios La Obra)

“Siempre escuchamos que la solidaridad es ponerse en el lugar del otro y apoyarlo cuando está en un momento de necesidad. Sin embargo, nosotros entendemos que es más que solo la intención de hacer algo, es transformarlo en acciones que puedan cambiar la situación actual de esa persona”.

Esa es la reflexión de los estudiantes de Ingeniería Comercial Constanza Sandoval, Karin Chechelnitzky, Javier Ruiz y Sebastián Morales, jefes generales de La Obra 2021. Este grupo de voluntariado –con más de 20 años de historia- estuvo recientemente construyendo una plaza en el campamento Jerusalén en Batuco, durante tres días. En la iniciativa participaron más de 60 estudiantes de la carrera, de primer y segundo año, que generaron un impacto profundo en las familias y los vecinos de ese lugar, además de aprovechar de conocerse presencialmente. (Leer nota)

Los estudiantes agregan que “la pandemia ha afectado fuertemente a miles de familias en Chile, acrecentando problemas sociales y habitacionales. Es aquí donde se abre la oportunidad tanto para proyectos como La Obra, como para todo estudiante. Como ingenieros comerciales, es nuestra responsabilidad poner al servicio del país todas las herramientas que están a nuestro alcance, las cuales van desde conocimientos entregados por la universidad hasta dar nuestro tiempo para escuchar a alguien que lo necesite”.

Como afirman, “es posible aportar en la creación de nuevas políticas públicas, velar por situaciones laborales dignas, investigación y creación de soluciones a nuevas necesidades sociales y la creación de distintos proyectos sociales y/o empresas B con Responsabilidad Social Empresarial, que busquen equiparar la cancha. Es muy importante que como profesionales sintamos la urgencia de pensar en el que está al lado. Decimos urgencia, porque los problemas y necesidades tienen que ser solucionadas hoy, no mañana ni en un año más”. Y añaden: “Siempre teniendo respeto por la persona que está enfrente y considerando que debemos construir una sociedad en base a personas y no solo números”.

Como ellos, son muchos los grupos estudiantiles al interior de la UC que se organizan para ir en ayuda de la comunidad. Otra iniciativa es Ucéanos, en que  participan estudiantes de distintas carreras.  Desde el año 2018 han logrado retirar 5 toneladas de basura de playas y zonas contaminadas. (Leer nota) Además, difunden y educan sobre la importancia del desarrollo sostenible en Chile y la conservación de zonas costeras de uso público en localidades como Bucalemu, Quintero, Ritoque y Pichilemu.

Para llegar a las localidades costeras el equipo de logística de Ucéanos hace una expedición previa, lo que ayuda a determinar si la playa necesita o no una limpieza profunda; ellos también se contactan con los municipios locales para gestionar los permisos respectivos y coordinar los recursos necesarios para cada operación. En estas acciones de cuidado medioambiental, han contado también con la ayuda de la asociación medioambiental internacional Parley for the Oceans, tanto en un nivel técnico, como operativo en el reciclaje, el retiro de la basura y las charlas motivacionales para los voluntarios.

Durante el "Mes de la Solidaridad", la Pastoral UC también ha organizado una serie de actividades, aún en curso. "Las unidades académicas y administrativas se pusieron al servicio de las distintas campañas, en especial se notó el cariño en la entrega de 100 cajas de alimentos en el campamento Lo Errázuriz en Cerrillos, donde fruto de un trabajo colaborativo y en red con el Duoc y la Fundación San Alberto Hurtado pudimos compartir un momento comunitario y de oración con distintas familias que se mostraron muy agradecidas y felices de saber que este mes no se queda acá, sino que se busca que sea parte de nuestro estilo de vida", expresó Benjamín Cruz, director de la Pastoral UC:

Conoce más iniciativas estudiantiles

La comunidad en el centro

Como afirma José Tessada, director de la Escuela de Administración: “Nuestro rol como formadores no es solo crear y transmitir conocimientos en disciplinas relevantes para la empresa y la economía, sino preparar a nuestros estudiantes para ser actores integrales en una sociedad más inclusiva. Para ello se requiere combinar conocimientos técnicos de frontera con una visión integral de la persona, la que se desenvuelve y relaciona con su comunidad y entorno”.

José Tessada explica que en medio de la incertidumbre y de un mundo en constante cambio, como profesores “apuntamos a desarrollar el pensamiento crítico pero también a mostrar a los estudiantes el valor de la empatía, la perseverancia, la voluntad y la solidaridad, que son fundamentales para transformarlos en líderes positivos, que hagan una diferencia y tengan un sello diferenciador”.

“Estamos conscientes que hoy los jóvenes se están formando en un período muy exigente donde el estándar ético que se exige a las empresas va mucho más allá de lo legal. Los futuros profesionales tienen que saber decir "no" cuando algo no les parece correcto; tienen que ser capaces de liderar los cambios dentro y fuera de sus organizaciones", afirma el académico.

Para ello, es vital que los futuros profesionales conozcan la realidad y el impacto que puede tener su trabajo. De ahí que una metodología transversal a toda la universidad es Aprendizaje Servicio (A+S), que busca el aprendizaje activo de los estudiantes, aplicando sus conocimientos en contextos reales mediante servicios entregados a socios comunitarios con necesidades genuinas. En 2021, cerca de 200 cursos, correspondientes a la malla mínima de distintas carreras, fueron parte del programa.

“Es necesario que exista una relación de empatía, de ponerse en el lugar del otro, y de escucha activa, que es una actitud que queremos cultivar en nuestros estudiantes”, afirma el jefe de A+S, Manuel Caire. Y agrega: “Tenemos que ser conscientes que estamos formando personas.

Como afirma la decana de la Facultad de Ciencias Sociales Mariane Krause: “La juventud juega un rol importante en este proceso: por su energía y su mirada más abierta a los cambios. Sabemos que forjar y mantener vínculos humanos seguros es un manto protector y el sustrato para nuestro bienestar psicológico. Principalmente porque aportar a los/las demás le da un sentido a la propia vida: una vieja lección que recordamos especialmente durante la pandemia”.

Y concluye: "En todo esto es clave la revalorización de la comunidad: una en la cual nos sintamos parte y que a la vez, le dé espacio a la diversidad, donde exista comunicación, interrelación y cooperación entre sus miembros”.


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