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Gilles Lipovetsky analizó el híperconsumo y la sociedad postmoderna en charla en la UC


El filósofo y escritor francés dictó una clase magistral en el auditorio de la Facultad de Educación, en la que sostuvo que "la educación debe proponer otros modelos de vida, distintos al hiperconsumismo de hoy".

photo_camera Archivo UC

Invitado por las Facultades de Educación y de Agronomía e Ingeniería Forestal, el pensador francés Gilles Lipovetsky dictó una clase magistral en el Campus San Joaquín. El filósofo y escritor se refirió al híperconsumo actual, a la fragmentación de los modelos colectivos de creencias, a la individualización del sujeto post moderno y al rol del debate y la información en las sociedades actuales.

Al inicio de su exposición, explicó que a pesar de que vivimos en sociedades de consumo de masas, estas sociedades no son las mismas que las que surgieron posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando se produjo la modernización de los modos de vida a través del consumo. “Ya no estamos en la sociedad del consumo, sino en la del híperconsumo, aplicada a la postmodernidad. En la década del cincuenta o sesenta había un televisor, un teléfono y un automóvil por familia. El consumo era colectivo, familiar. Hoy, vemos un pluriequipamiento de los hogares, ya que allí donde antes existía equipamiento colectivo, ahora existe equipamiento por persona. Vemos una híperindividualización del consumo. Incluso los hogares de los desempleados tienen hasta tres televisores”, señaló.

Lipovetsky explicó que este fenómeno tiene que ver con una desalineación, una desincronización de los modos y estilos de vida postmodernos. “Antes el consumo era ‘ostentatorio’, para impresionar o buscar algún estatus frente al entorno. Hoy, el consumo compra y busca otras ganancias en el nivel personal: placer, emoción, aventura, comunicación con el prójimo, experiencias lúdicas. El consumo de hoy crea algo relacional, para estar en contacto con quienes nos rodean”, argumentó.

Sostuvo que pasamos del capitalismo de producción al capitalismo cultural y de un consumidor de estatus a otro de tipo emocional y atomizado. “Ya no compro para otros, sino para mí mismo. Hay una suerte de intimización del acto; la gente quiere sentir cosas, vivir experiencias nuevas”, dijo.  

Agregó que esta conducta representa una paradoja porque a pesar de ser emocional, no es un consumo impulsivo, sino reflexivo e informado. Además, este neoconsumidor, mientras más compra, mayor conciencia ecológica y preocupación sanitaria demuestra.

“Estamos en el exceso del saber, donde la proliferación de información ha complejizado hasta las acciones más naturales. Aumenta la ansiedad, y los que eran comportamientos antropológicos, como comer, correr o jugar, fueron engullidos por el modelo hasta transformarlos también en productos de consumo. Estamos frente a una mercantilización integral de todos los modos de vida, incluso de la cosas que eran las más elementales”, sentenció.

El autor señaló que a pesar de las críticas, el consumo no se debe satanizar por completo y que sólo se vuelve detestable cuando se transforma en el sentido final de la existencia. “Los humanistas sabemos que es bueno que la gente disfrute, saboree, la pase bien. Pero si lo esencial del domingo es ir al mall  a comprar y comparar precios y productos, el consumo se vuelve despreciable”, aseveró.

Y agregó: “Lo que me aproblema es cuando la vida gira en torno al consumo. Y allí es donde la educación debe proponer otros modelos de vida, distintos al imperante de hoy. El ser humano es capaz de crear, de amar, de hacer familia, de hacer arte, y eso no tiene nada que ver con el consumo. Hay que cambiar el sistema educacional para que la vida no sea esclava del consumo, ya que la parte central de la vida es pensar, amar, compartir y crear”.


Sociedades en debate permanente

El pensador también recordó que antes las opciones de vida estaban reguladas por las grandes verdades o el Estado, pero que hoy se han fragmentado hasta tal punto que parecen ser “a la carta”, a gusto y medida de cada sujeto. “Donde antes había dogma general, hoy existe autonomización, individualización. Las cosas se desincronizaron, ya no existen visiones generales, ahora todo es a nivel personal. Ya no existen esos grandes frenos colectivos que regulaban el comportamiento personal”, observó.

Lipovetsky confesó que, desde su punto de vista, esta tendencia hacia la híper individualización es irreversible, y que a pesar de que existen ciertas resistencias –como lo fue en su momento el nazismo o el fascismo, y hoy lo son los movimientos integrales o fundamentalistas-  la dirección es unívoca.

“No estamos en decadencia, estamos en una sociedad compleja, donde todo se debate, y hay mucha incertidumbre. Pero también hay valores universales”, dijo. Y agregó: “El combate del futuro es el debate responsable y colectivo. Efectivamente estamos en sociedades en conflicto y en debate permanente, pero ese es el precio que debemos pagar por vivir en sociedades libres”.

La charla magistral del filósofo francés formó parte del Ciclo de Conferencias “Implicancias de vivir e investigar en un mundo híper moderno”, organizado por las Facultades de Agronomía e Ingeniería Forestal y Educación.

Gilles Lipovetsky, escritor y filósofo francés, profesor de la Universidad de Grenoble, es también Caballero de la Legión de Honor y miembro del programa de análisis de la sociedad de Francia.

En sus obras -en particular, La era del vacío- analiza lo que se ha considerado la sociedad posmoderna, con temas recurrentes como el narcisismo apático, el consumismo, el hiperindividualismo psicologista, la deserción de los valores tradicionales, la hipermodernidad, la cultura de masas y su indiferencia, la abolición de lo trágico, el hedonismo instanteneísta, la pérdida de la conciencia histórica y el descrédito del futuro.

 

INFORMACIÓN PERIODÍSTICA

Francisco Zabaleta, Facultad de Educación, fzabaleta@uc.cl

 


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